Cartas al Viento: La homilía del domingo
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Por: Jesús Vega Mesa |
Hace
años, un compañero y amigo llamado
Felipe Bermúdez, tuvo una feliz ocurrencia: Formar un grupo de personas que
irían cada domingo a diferentes parroquias para
participar en la liturgia y hacer una crítica de lo que allí se dijera.
La idea me resultó interesante pero a otro muchos compañeros no les gustó en
absoluto. Tal vez por eso, la experiencia sólo duró unas cuantas semanas.
Hay
domingos que no resulta nada fácil a ningún cura comentar las lecturas
bíblicas que se leen. Porque es un texto
difícil o porque el tema es muy delicado. Si uno fuera a cinco misas celebradas
por diferentes sacerdotes, escucharía probablemente también cinco versiones diferentes de un mismo
texto evangélico. Por ejemplo este pasado domingo, se leía un fragmento del
evangelio de Lucas con estas palabras:
“-¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?
- Moisés
permitió divorciarse dándole a la mujer un acta de repudio.
Respondió
Jesús: Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio
contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro,
comete adulterio.”
¿Cómo
se enfrentará un cura a textos como estos para explicarlos en la misa?
El pasado domingo,
recordando al amigo Felipe, repetí la experiencia y pude comprobar una vez más lo difícil que
resulta decir la palabra adecuada sin contradecir lo que dice el evangelio y al
mismo tiempo sin que nadie se sienta rechazado ni por la palabra de Jesús ni por
las palabras del sacerdote. Un grupo considerable de las personas que van a
misa el domingo están viviendo situaciones de divorcio, de separaciones o de maltrato. O viviendo en pareja sin
casarse. ¿Cómo plantear la homilía sin herir a nadie ni tampoco adulterar la
palabra de Dios?
Hice la experiencia de escuchar cinco homilías
diferentes. En dos parroquias, los predicadores
se limitaron a recordar las “normas” que rigen para los divorciados
hablando con dureza de quienes no las cumplen. Pienso que no entendieron el
evangelio.
En
otro lugar, el Padre Enrique Martínez, como si respondiera a los dos oradores anteriores, afirmó que “el evangelio no es una suma de
principios morales, sino palabra de sabiduría. Cuando esto se olvida, el
literalismo desemboca en el fundamentalismo” y añadió que “La “novedad” de
Jesús radica en plantear la posibilidad de algo que la sociedad judía no
contemplaba: que fuera la mujer la que pidiera el divorcio. Lo que eso
significaba era bien simple: situar a varón y mujer en pie de igualdad. O,
dicho de otro modo, desactivar el machismo que, como ocurre todavía, lleva a
considerar a la mujer como “propiedad” del varón o, al menos, a su servicio.
Es claro que tales actitudes
machistas, insistía el cura, por más que
se hubieran mantenido durante siglos, contradecían aquel primer principio
bíblico que hablaba de “ser los dos una sola carne”.
Y
hubo un cuarto comentarista, el dominico canario Vicente Casañas que hizo lo
que en mi opinión es lo correcto y coherente: Partir de su propia experiencia y su vivencia cristiana. Por eso empezó
diciendo: “Tengo entre mis amistades a
personas divorciadas civilmente. Y anulado su primer matrimonio y vueltos
a casar por la iglesia. Me ha tocado ver muchas situaciones distintas. Mis
padres se separaron cuando yo era un adolescente. Bueno, nunca los
vi "unidos". Me cuesta y duele hablar de este tema de la pareja.
Cierto que el matrimonio tiene mil posibilidades espléndidas…”
Y
en esa misma línea, el dominico habló en positivo del amor y de la igualdad
entre hombre y mujer.
La
quinta homilía del pasado domingo… La quinta pudo ser este mismo comentario.
Pero esta les toca criticarla a ustedes.
Comentarios
En cuanto a las enseñanzas de Jesús, lamentablemente fue su mayor difusor, Saulo el misógino, quien distorsionó el mensaje de Jesús, no sólo en ese tema, sino en el de la esclavitud. Sus consideraciones respecto a la mujer son lamentables e imposibles de compartir.
En cuanto a V. Casañas, a quien tengo el gusto de conocer personalmente, me parece que cada una de sus opiniones son lecciones a meditar.