Lo superfluo
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Por Luis C García Correa |
Lo superfluo es todo aquello que no es necesario, que está de sobra.
Abandonar lo superfluo es renunciar a la excesiva comodidad, al
desprendimiento de las cosas, y en lo divino tener una disponibilidad
completa a lo que nos pide Padre Dios. Es no estar atado a las cosas,
ni a los sentidos. Utilizar los bienes como medios y no como un fin.
Evitar el deseo de tener por tener, de aparentar más, de presumir por
creernos que somos más…
Hemos de buscar que los medios materiales sean bienes, usados con
fines superiores, como puede ser: atender a la familia, tener y educar
a los hijos, adquirir más cultura, ayudar al necesitado…Por supuesto,
también para la justa y necesaria distracción y el adorno, como el de
nuestras casas. Y no dejar que las cosas se conviertan en necesidad
La pobreza evangélica, la hecha a base de desprendimientos, de
sobriedad, de compartir con los demás, de confianza en Padre Dios,
son hechos que contrarrestan si ha habido algo superfluo. San Pablo
nos recuerda su lucha y aprendizaje con las siguientes palabras: “he
aprendido a vivir en pobreza; he aprendido en abundancia; estoy
acostumbrado a todo y en todo; a la hartura y a la escasez; a la
riqueza y a la pobreza. Todo lo puedo en Aquel que me conforta”.
Tener y utilizar los bienes, pero libre de ataduras. Incluso no estar
inquieto por lo necesario. No dejarse llevar por el aburguesamiento.
Pobres, por el amor a Padre Dios, en la abundancia como en la escasez.
Hechos concretos como cuidar la ropa, los objetos de trabajo, etc.
Cuidar para que duren, requieren mortificación. Y esta actitud
ahuyenta lo superfluo. Nos ayudará a no ser superfluos preguntarnos
¿Esto realmente lo necesito?
San Agustín decía: “Lo superfluo de los ricos, es lo necesario de los
pobres". Y añadía: "Se poseen cosas ajenas cuando se poseen cosas
superfluas”. Nos ayudará no considerar las cosas como propias. Al no
crearnos necesidades, nos estamos privando de lo superfluo.
En resumen: no tener ni desear cosas superfluas o innecesarias es
aprender a no crearnos necesidades ficticias, que con facilidad
podemos prescindir de ellas. Todo lo superfluo es gravoso e
innecesario, y encima termina molestando.
Lo superfluo resta felicidad y libertad.
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