A Pedro Domínguez: Te escribo por qué no escribo.
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Por Sergio Naranjo |
A quienes nos conozcan, huelga decir a estas alturas cuál es la amistad y el aprecio sincero y leal que le profeso a los hijos de Maestro Pedro el barbero. A Cindo, que según la autoridad indiscutible de mi madre fue el primero que me peló; a Pedro, el otro componente de aquella barbería de tres sillones que la ladera se llevó. Incluso recuerdo ver alguna vez por allí a Antonio, muy a principios del pobre conocimiento que siempre he tenido, aunque nunca lo vi pelando. Es tan antigua esa amistad, que proviene de cuando Pedro tenía coleta, pero el tiempo, que se llevó los pelos, no ha podido llevarse tanta historia como hemos compartido, juntos o por el lado de cada cual. Porque Tamaraceite es eso: una historia que cada cual vive incluso en solitario, pero resulta una historia compartida siempre. Me pide Pedro que escriba, que cuente mis cosas, igual que otras veces se ha hecho, y cómo no contestarle.
Soy miembro de aquellas gentes de nuestro Pueblo, Pedro, tú lo sabes, y como tú, toda mi vida ha desarrollado esta doble vivencia de ese Pueblo y Teror, que aún hoy en día mantenemos. Pero en Tamaraceite siempre seré de “los de antes”, de aquellos que podían discutir cualquier cosa, que tenían cualquier opinión, pero una vez dicha, allí se quedaba. Hoy las cosas han cambiado de lado a lado, Pedro, y cada cual las entiende como le parece. Hoy se publica un artículo y puede que uno no sepa expresarse, que es la primera cosa a considerar; puede que haya gente que te alabe el gusto; puede que una gran parte permanezca indiferente. Y puede también que haya quien no esté de acuerdo, que ha resultado en todo tiempo la verdadera salud de la convivencia, siempre que se exprese en términos no hirientes. Y ahí está la madre de la baifa, amigo.
Se entiende hoy como “libertad de expresión” el derecho que cada cual tiene a decir lo que quiera, incluyendo insultos, desprecios y todo tipo de vejaciones, aprovechando la laxitud de las leyes y la manga ancha de lo entendido por el mal uso de ese derecho. Vivimos en una sociedad bien aleccionada en el uso de cualquier medio de comunicación para expresar de modo instantáneo cólera, crispación, frentismo, cuando no directamente odio, una sociedad que dispone de medios puntuales para aliviar su conciencia con pretendidos actos de solidaridad y procura todo el resto de su tiempo para el egoísmo y el hedonismo.
La gente como nosotros, Pedro, que tratamos de compartir lo que sabemos y buscamos lo que ignoramos, ya no tiene cabida en la mayor parte de esta sociedad. Somos pedantes, en el menor de los casos, y eso si no te da por echarle algo de humor a esta vida que (lo sabes muy bien) es ácida y amarga según se nace. No puedes, para la gran mayoría, decir algo tan simple como lo que piensas, porque al instante tienes el zarpazo hiriente de quien sólo sabe hacer daño. Y desgraciadamente, amparados en el anonimato las más de las veces. Voy por esas calles, llevo a mi madre a misa, compro en tiendas varias, acudo al centro de salud, y de aquellos que me miran, alguno pudo haber sido quien me insultó, estoy en desventaja: yo doy la cara, ellos se esconden en la protección del anonimato. Y mira en estos días cómo estamos sufriendo las consecuencias de esa protección: cómo ves a un pariente tuyo muerto en atentado terrorista vil, en asesinato común en otros casos, y el anonimato sirve para escarnio, mofa, insulto más cruel.
Hay quien ante esta situación continúa con lo suyo. Yo, no, qué le vamos a hacer. Cuando quiero hablar contigo, tengo la suerte de poderlo hacer. Y si quieres ver escritos míos, más graciosos o más ácidos, tengo mi blog, ahí está puesto también en esta página. Sólo que en mi blog, quien no se identifique no tiene cabida. Y menos quien insulte.
Espero, amigo Pedro, haber podido expresarme a tu gusto.
Y con mis saludos de siempre, Sergio, el de San José del Álamo.
Comentarios
Hoy el silencio se ha hecho eco.
Te animo para leer lo que el silencio no calla
Un saludo
La vida es una escuela donde cada uno la ve y aprendre desde su punto de vista nadie nace enseñado y se aprende hasta del más bobo por eso no hay que despreciar a nadie.
CADA NUEVO DIA ES UN NUEVO COMIENZO.
Saludos para todos