Los (malos) olores de mi ciudad
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Por Esteban G. Santana Cabrera |
No hace muchos años pasear por la ciudad era caminar entre un variado ir y venir de aromas, fragancias y sonidos que siempre se nos quedarán en lo más adentro de nuestros sentidos. Pasear por las calles de Triana y de Vegueta con los ojos cerrados era un auténtico placer que hoy en día no podrá repetirse, por mucho que queramos. En los años 70 los olores de La Madrileña, a mitad de Triana, llegaban a la otra punta y abría el apetito a más de uno. Pasear hoy en día por Vegueta y Triana no tiene olor que no sea a orines de perros, cloacas y basura. Unos amigos míos estuvieron estos días por aquí y decían que veían Las Palmas de GC como una ciudad sucia y el olor que la caracterizaba era el de orines de los perros.
Y no dejan de tener razón, poco podía decir porque las evidencias son claras. Pudimos ver días atrás el video grabado por un vecino después de las secuelas que dejan los “juernes” en nuestras calles. Pasear un domingo por la zona de Triana hay que andar listo si no te quieres tropezar con las cacas de los perros y unas aceras que dan pena. Me recuerda más a la ciudad de principios del siglo pasado, cuando todo era un bullicio sin control, las pescaderas pregonando sardinas frescas, lapas y hasta erizos, escamando pescado en las aceras, las verdureras pregonando papas "kinegua", perejil o hierbavuelto (hierbabuena) a lo que se unía el cuadro del afilador con su clásico sonido reclamando cuchillos, tijeras o cualquier utensilio metálico de las múltiples barberías, carnicerías o tiendas de aceite y vinagre del vecindario.
Una ciudad descontrolada que poco a poco fue "cogiendo tino" y que se convierte años después, a mediados de los 50-60, en una ciudad para pasear, para disfrutar de los sentidos de la vista, gusto y del olfato. Recuerdo de pequeño los olores a calzado de piel de Calzados Quesada. Entrar allí era "oler a nuevo". ¿A que las zapaterías de hoy en día ya no huelen igual? Y qué decir de las zapaterías donde arreglaban el calzado, se le ponían puntas y tacones y hasta se hacían a medida, el olor a cuero era característico del lugar. O el olor a ropa nueva como el de las tiendas de moda como Selim, Estilo o Arencibia que eran el lugar escogido por las personas que venían del campo a la ciudad a comprar algún pantalón, falda o vestido para estrenar en las fiestas patronales.
Ojalá nuestros ediles emularan a don Agustín de Bethencourt a finales del siglo XIX empeñado en la mejora de la ciudad y que lograra el empedrado de las calles, inició el alumbrado público, y llegó a acuerdos con el Obispo Verdugo para relanzar grandes obras de interés público como la construcción del cementerio y el puente que unía Vegueta con Triana, así como la terminación de la fachada de la Catedral con el diseño del artista Luján Pérez.
Nuestra ciudad poco a poco ha ido perdiendo el encanto. Los carriles bicis y guaguas han ido haciendo una ciudad más para el transporte "sostenible" que una ciudad para el paseo, donde se pueda ir de punta a punta, de la Isleta a Vegueta, dando un paseo a pie sin tener que sortear bicicletas, patines, coches y Metroguaguas. Tenemos una ciudad envidiable pero unos políticos que no piensan en la mejora de la ciudad para las personas. Nos gastamos millones de euros en Metroguagua, carriles bicis inútiles, zona azul y verde, ... pero no nos gastamos ni un euro en recuperar la ciudad para los peatones, para caminar, una ciudad que haga que sintamos la necesidad de dejar el vehículo en lugares que estén bien comunicados, asequibles y cómodos y nos apetezca dejar el coche para caminar o utilizar el transporte público si lo necesitáramos.
Comentarios
Por otro lado, que las calles ya no se aprecien o huelan a lo que antaño, creo que se debe a la insensibilidad y poco civismo de parte de la sociedad. En mi opinión, si queremos cambiar esa situación, se debe reeducar y concienciar a la sociedad. De nada vale quejarse si no se promulga un cambio.
Saludos