El Toscón, aire puro en plena ciudad
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Por Esteban G. Santana Cabrera |
Los orígenes del barrio de El Toscón se remontan a principios de 1800, cuando un grupo de personas procedentes del interior de la isla, eligieron este lugar, situado entre Tamaraceite, San José del Álamo y Miraflor para iniciar una nueva vida junto a sus familias y estar más cerca de su lugar de trabajo sin perder sus orígenes rurales. El Toscón, que perteneció al extinto municipio de San Lorenzo, está situado a 10 kilómetros de Las Palmas de G.C., y sirve de límite entre nuestra capital y el municipio de Teror. Las nuevas edificaciones rodean a aquellas casas centenarias que habitaron las primeras familias del barrio. Entre ellas, y cuyos descendientes aún viven en la zona, se encuentran la de los Montesdeoca, los Viera, los Yedras y los Jiménez. Los sacrificios de estas personas dedicados a la agricultura y a la ganadería eran muchos, ya que según cuentan los mayores del lugar, sus antepasados tenían que ir caminando a la capital para vender sus productos.
Hubo un acontecimiento que sembró el pánico y la consternación entre los habitantes del Toscón
especialmente y de Tamaraceite, San Lorenzo y Tenoya allá por los años 30 del S XX. Entre lo que cuenta la tradición oral y lo que recoge el periódico Diario de Las Palmas de la época y la carta Etnográfica del Cabildo Insular de Gran Canaria, este acontecimiento supuso la noche más negra para nuestro pueblo de Tamaraceite y sus pagos, denominándose "La terrible catástrofe del Toscón". La presa del Granadillar, de Jacomar o El Toscón (se le conoce por los tres topónimos) fue construida entre los años 1930 y 1932 sobre otra que ya se encontraba en la zona. Alcanzó una altura de unos 20 metros de altura y cuyo proyecto fue realizado por el ingeniero Simón Benítez Padilla. La presa llena podía alcanzar 110.300 metros cúbicos de agua. Una presa que después de terminada, y debido a los periodos de sequía nunca había sido llenada.
Después de dos años, a la Presa de Granadillar empezó a entrar agua y se llenó por primera vez el 21 de febrero de 1934 . La alegría de los agricultores de la zona por tener agua para el riego pronto se convirtió en llanto ya que la estructura de la presa no aguantó la presión y sufrió una rotura que nadie esperaba. Según cuenta la prensa de la época y la tradición oral, el estruendo fue como un terremoto en plena noche. Al romperse el muro de la presa las aguas discurrieron violentamente por el Barranco del Toscón destruyendo por completo el Puente de La Hoya de la carretera que desde Las Palmas conduce a la Villa de Teror, así como varias casas de mayordomos y algunas fincas de plataneras, falleciendo ocho personas entre adultos y niños. Se la conoció entonces como la terrible Catástrofe del Toscón.
El Diario de Las Palmas lo recogió así en 1934: (…) La inmensa avalancha de agua, unos 150.000 metros cúbicos, arrastró árboles, piedras y tierra, con cuyo material taponó el puente del barranquillo de Teror, represándose nuevamente. La fuerza del gran volumen rompió la contensión, lanzándose otra vez vertiginosamente, en una extensión de cuatrocientos metros de ancho por tes y cuatro metros de altura, barranco de “Jacomar” abajo.
Según estudios realizados por el geógrafo Jaime J. González Gonzálvez, en 1944 el ingeniero presista Julio Alonso Urquijo elaboró un informe para la Jefatura de Obras Públicas de Las Palmas sobre la Presa del Toscón donde afirmaba que la presa se vino abajo por no haber ejecutado cimientos. Para los peritos la causa de la rotura fue la capa arcillosa que cementa los conglomerados: al llenarse el embalse durante un invierno excepcional, tras varios años de sequía y calores, hubo un corrimiento del terreno por las fisuras producidas en la arcilla. Y al fallar el terreno del cimiento intervino la segunda causa: el empuje de abajo arriba del agua, la subpresión. Según el presista autor del Proyecto, Simón Benítez Padilla, que realizó una visita a la presa tras la rotura, corrobora -el corrimiento del terreno- la presencia de una larga grieta, claramente perceptible a todo lo largo de la ladera siguiendo la orilla exterior del cimiento.
Según la información facilitada por la Asociación de Vecinos, se fecha en 1974 la conducción del agua del barrio, y la instalación eléctrica en marzo de 1977. Ambos servicios fueron sufragados mayoritariamente por los vecinos en concepto de contribuciones especiales. La difícil orografía de El Toscón hizo que la instalación de servicios fuera complicada aunque las vistas que tiene al campo lo hacen un lugar ideal para vivir. Una de las primeras tareas que acometió la Asociación de Vecinos fue la de facilitar la comunicación de las barriadas, hormigonando su arteria principal. El Toscón cuenta con un colegio y una pequeña iglesia que se empezó a construir en los años 70, donde se venera la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que es el patrono del barrio.
El Toscón, barrio histórico, que se ha convertido en un lugar idílico para vivir por su tranquilidad y por sus buenas comunicaciones, y que se caracteriza por la buena vecindad que siempre ha señalado a este núcleo capitalino con sabor a campo.
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