viernes, 31 de octubre de 2014

Ser sincero implica honestidad

Por Luis C. García Correa
Ser sincero implica honradez y honestidad, porque la sinceridad es  amar y decir la verdad.
La  verdad es lo que sabemos que concuerda con  la realidad.
Decir la verdad es una cualidad de la honradez y de la honestidad.
Ser honrado es proceder con rectitud e integridad, ser de  una pieza, sin mentira, ser verdadero.
Ser honesto es además ser decente,  limpio con uno mismo y con los demás, ser razonable, recto y honrado. Por eso me gusta mucho hablar de honestidad, y de la honesta  participación personal y social.
La belleza del alma refleja las luces de la verdad. Y la belleza del  alma es transmitir la grandeza de la honesta participación.
Sin la honesta participación –que es la solución a los problemas de  ayer y hoy– no existe, ni existirá, la plena felicidad y la plena  libertad.
Para ser sinceros se necesita tener, como base, una educación en  valores éticos, morales o religiosos. La sinceridad, la veracidad es  absolutamente necesaria para una convivencia honesta, sincera y real.
La raíz de muchos males está en la mentira, la falta de veracidad, y la falta de sinceridad.
Amar es entregarse, unirse vitalmente con la  persona amada. Y exige ser sincero, honesto con ella.
La sinceridad nunca debe ser objeto de ofensa, porque el ser sinceros implica el respeto y consideración a la persona, como ser humano único que es, irrepetible y de valores eternos.
Caminar por la vida con la sinceridad es haber vivido y vivir el respeto, la consideración y la admiración al ser humano, respetándolo  más allá de las palabras y de los pensamientos, respetándolo como ser  invalorable, portador de valores eternos.
Amar y ser sincero implica honestidad de los sentimientos y de los  hechos, soñar y recordar lo bello vivido y seguir expresándonos como  personas que vivimos para el bien de los demás, sin pedir nada a  cambio, y dando todo lo que tenemos para ayudar.
La sinceridad y la verdad tienen que ser sinónimos e iguales.
Para mirar de frente, con humildad,  y para amar, se tiene que ser  honesto y sincero, con fraternidad y con amor apasionado, tratando que  llegue hasta la eternidad, pasando por la auténtica y verdadera  realidad.
Ser sincero implica honestidad porque se siente y se vive honradamente  y limpiamente la realidad.
El mundo ha necesitado y necesita,  imperiosamente, de los sinceros, honestos y participativos, que van  repartiendo el amor, la felicidad y la libertad.
¿Usted qué opina? ¿Lo cree? ¿Lo practica? ¿O cree que todo son  elucubraciones sin sentido ni realidad?

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