jueves, 8 de enero de 2015

Vivencias de un tenoyero - La Ganadería (Capítulo primero)‏

Por Tino Torón
Después del preámbulo, lleno de verdades e imaginaciones, publicado en esta página el día 18 de diciembre, quiero iniciar estos capítulos con la ganadería en las fincas, en una época agrícola y ganadera de gran esplendor, desapareciendo casi por completo, pues aun quedan en las zonas altas e interiores de la isla, que en parte son los que participan en la actualidad en ferias de ganados, pero de otra manera, antes los llevaban caminando hasta esos lugares, recuerdo los Molina en la finca de San Lorenzo, cuando José el condenao, de Tenoya era el encargado, me contó que subiendo la zona del barranco se le jeringó (se le fastidió)  un toro, en Tenoya destacaba la finca de Don Nicolás Díaz de Aguilar con importantes  premios, tanto de animales de raza como de leche, he visto las fotografías de esos ejemplares que guarda y cuelgan en las paredes de sus casonas, esta finca era modelo de lujosas chozas y alpendres con mimados animales.
      Un día vio como un niño trabajaba descaso y pantalones cortos, pasando ente ortigas, ante el mayordomo, le dijo: no te das cuenta Manuel, búscale un mejor sitio, e igual cuando discutía a la vista de las aguas en su estanque, defendiendo al empleado Miguel, antes que a Manuel…..por razones.
      En las fincas cuando una vaca, se le ponía mala, mandaban que fueran a Arucas urgente y viniera un curandero, el más famoso y solicitado era el viejo Juan Yánez que también era herrero, hoy veterinarios, sin embargo los pobres acudían a un amañado, en Tenoya estaba entre otros Manuel el Fisca, aprendiendo su hijo Santiago.
      En todas las fincas existía la ganadería por pequeña que fuera, estos animales como las vacas y las cabras sobre todo predominaban, a parte de la leche,  la carne, el estiércol para las mismas fincas.
      Los animales antes dormían en acolchados de retamas, pinocha, hasta garepas y aserrín de carpinterías y tierra, el pastor o el ayudante estaban atentos quitando las bostas y los orines iban encausados a un depósito o a los estercoleros separados por un pasillo al pié de los alpendres.  
      De mi casa en una zona alta y vistosa veía a primeras horas de la mañana, desde las cinco de la madrugada, divisábamos los faroles de los pastores caminando en la obscuridad entre veredas llenas de vegetación y barrancos, seguía a esa luz que a veces desaparecía y de pronto aparecía, recordando el camino de las pitas, donde los pitones hacían de mástiles de banderas o antorchas.
     Desde que era niño a esa luz que veíamos en las montañas y zonas desoladas y daban miedo que conocíamos por las luz del corral y luz del bigotudo, luces de faroles, candiles y velas que en las diferentes fincas en las noches sea apozaban y parecían estrellas dispersas en la tierra (belenes) con el recorrido en los campos y rincones de nuestros Pueblos llegaban los pastores a los alpendres, ya antes de llegar los animales sentían sus pasos de botas herradas balando con unas sinfonías como tonos musicales y si habían perros estos también de contentos movían el rabo con ladridos de alegría y bienvenida  
         Con ese cariño los pastores tranquilizaban, mientras colgaban el farol o candil, con esa tímida luz, quitándose la chaqueta entraban en faena, atendiendo a los animales, acudiendo todos los Domingos y días de fiestas. Recuerdo cuando estaban de parto haciendo guardia toda la noche, otras veces se llevaban la sorpresa, al llegar ya habían dado luz, en una ocasión fui a ver un parto, grabando tan feliz acontecimiento.
      Los trabajadores de la agricultura y la ganadería, en los bares, barberías, zapaterías    sociedades, y lugares de reunión, hablaban de los que llamaban y presumían de sus animales, siendo de los dueños, al que llamaban también mi amo, haciendo hasta tratos e intercambios, surgiendo cualquier otra conversaciones, entre noticias del día.
      Antes los pueblos y zonas rurales tenían su propia vida, que recuerde, tanto en Tenoya como en Tamaraceite habían hasta diez bares casi juntos y tiendas al igual, hoy en Tenoya quedan solo cuatro bares y tres tiendas.
      La imagen y vestimenta de los trabajadores de aquella época mas generalizada, era igual para todos, predominando los trajes grises con chaquetas, camisa de rayas, fajín muchos de ellos y sombrero, otros con boinas (recordando a Maracano de Tamaraceite que trabajó también en el molino de Juan Suárez, que no se la quitaba si no para dormir) como herramienta de trabajo el cuchillo canario, llevándolo a todos los sitios en los bolsillos, estos siempre inflados, la cachimba, la picadura (el tabaco en bolsas), los papelillos, cajas de cigarros, otros haciéndose sus mismos cigarros, (una imagen que me gustaba contemplar y describir) mechero, pañuelo y el que lo tenía el famoso reloj de bolsillo de leontina, protegido con un pañuelo y amarrado de una cadena, unos del bolsillo alto de la chaqueta, otros de la cintura, cuando le preguntamos la hora, los buenos hombres gozaban destapándolo, el calzado botas herradas que encargaban a los zapateros (en Tenoya habían tres zapaterías )
        Había en Tenoya un viejo, al que le conocíamos por El Abuelito que siempre iba cargado, medio jorobado y encarpetado, llevaba hasta gasolina para los mecheros y piedras de fosforera, picadura y papelillos, cajas de cigarros variadas, cuando iba por la calle las puntas de la chaqueta caían como las alforjas de una mula o de un quesero, cuando llegaba a la casa, detrás de la puerta tenía una tacha donde la colgaba, el hombre se estiraba y enderezaba.


2 comentarios:

Eva María Molina dijo...

¡Qué tiempos Tino!
¡Muy bonito y verdadero relato!

Tino Toròn dijo...

Eva María Molina: En un tiempo me preguntaba ¿Si hubiera vivido la época de mis padres? hubiera hecho muchas cosas, unida a mis inquietudes.
Hoy me complace haber vivido esa época con tantos cambios que se nos van de las manos y nos vemos a la deriva. Por tal motivo hoy plasmo los pasos de mi vida unido a todos los de mi edad.
Con las vivencias y relatos quiero llegar a todos los mayores y jóvenes de los que en parte tuve la suerte de trabajar con ellos y vivir sus momentos, aconsejándoles y despertando los valores.
Me siento muy satisfecho
Saludos