jueves, 1 de junio de 2017

"Amantes de la sangre y asesinos por placer"

Por Antonio Domínguez
Dios es infinitamente bueno. No permitirá que ningún demonio me haga daño. A Dios no se le puede insultar, temiéndole como si fuera salteador de caminos; ni se le puede engañar con una vida entera de oración. Es la explicación de por qué no le tengo ningún miedo a Dios. También es verdad que no le tengo ese amor a Dios como contrapartida del miedo al diablo. Yo –y todos- solo puedo amar a quienes conozco. Si a Dios le interesa mi oración capada por miedo al diablo, (por tanto mentirosa) me llamaría por teléfono. ¿Y dice que esto es herejía, lo mío? ¡¡¡mírese la viga en el suyo propio!!! 

Por lo atemporal del tema, y la siempre vigencia del asunto, no importa asombrarse de él cualquier día y hora del año; más, imposible decir lo mismo en un texto más breve (...) 

Salió el alcalde de Pamplona al balcón. Un tipo que puso una cara muy fea –entre mala-leche y bravura, en una especie de risa- al tiempo que gritaba a cuanto le daba el gallillo: ¡¡pamploneses, pamplonesas!!, ¡¡viva San Fermín!!. Abajo en la plaza, en la marea humana, amorfa, toda ella fofa intelectualmente; siéndole odiseico a uno por uno, disputarle un test de inteligencia al mandril o al macaco de Gibraltar. En hilo de acontecimientos, unos primero según su orden con todos los que vienen detrás en desorden, por lo mismo; valiéndose el alcalde de –en gravísimo tercermundismo caníbal- una yesca que ardía con la vivacidad de la llama de la autógena, le pegó fuego a un volador muy gordo que subió al cielo como un artilugio de la NASA. Al cabo de haber desaparecido pegó un rebencazo procedente de la gloria que estaba en la plaza, seguramente, por como se puso la carne de cañón universal de esa animalizada, estúpida, caterva, abundante muchedumbre. Los hay australianos, canadienses y de los más lejanos y cercanos países.

Por mor de abusadores que se juegan el resto para ganar y sacar grandes tajadas de la alegría del ignorante, que llevada a sus últimos límites, les encierra entre los diques infranqueables del infortunio. Son manejados como carne de cañón, donde y como interesa a los grandes titiriteros: parecido a lo de los sociópatas cuando llevan un pueblo a la guerra.

Como en todas las cosas que se producen en este mundo, buenas o malas, hay responsables que penetran en el misterio – en este caso las vacas corriendo tras la gente – muchas veces se meditan en vano los planes de escalamiento y fuerza para subir a los muros de esa montonera de desdichas; que se cuentan los barrenderos unos a otros después de la última jornada de “la fiesta” mientras retiran toneladas de residuos: basura, que es lo que es “la fiesta” porque esa, ella, es el disloque y el disparate. Poco se dice de esta carajera. Cualquiera termina dándose cuenta que los caminos de su enfado o calentura nada tienen de practicables, ya que la línea de intereses sombríos y negocios iluminados de noche por torrentes de luz guardados por centinelas recelosos, se opondrán siempre a cualquier intento de enmendar el escándalo que nos ocupa, que aunque se pudiera llegar a forzarlos (para comprenderlos) en algún punto, no se vería más que pormenores y jamás se podría formar una idea del conjunto de semejante salvajada.

Berenjenil carajal de noticias: “solo se han caído sin que las astas les hirieran. Un manso se rezagó y propinó un serial de pisotones, revolcones, magulladuras y moletones. Sólo cuatro contusionados necesitaron asistencia médica. Se le llama jornada tranquila a, en la que no hay muertos. Y eso que intervino la ganadería de Torre Estrella de afianzada fama de peligrosa. Mañana se espera otra ganadería con no menos fama de carnicera”.

Siempre hay recodos inevitables, porque ningún pueblo ha sido pensado para que corran delante de los brutos, los que se las dan de civilizados. Los intentos de sortearse unos a otros para no caer son los de la estampida coparticipada de los distintos tipos de reses que por las calles se rozan y “se saludan”. Donde el humano es mas res que la propia res.

“Toro malo, colorado, bragado. Ocho heridos, la manada les pasó por encima, su estado es grave, la situación se complica. Ha sido intenso el recorrido. En la bajada por la calle estafeta no había huecos donde poderse desplazar. El grandísimo riesgo de la curva de los mercaderes. Con las astas a dos centímetros de las auras. Los hoteleros se frotan las manos. Viejos sinvergüenzas yéndose sin pagar las consumiciones. Los pinchos son la base de la subsistencia, los cuales son cobrados a golpe de la más fina cocina francesa. ¡¡La culpa!! Fue de un indisciplinado e incivilizado extranjero que propició la cogida de fatales consecuencias”.

Curas, periodistas, políticos, autoridades y cuantos tengan de ente al que los mentecatos respeten, son los culpables de seguir permitiendo ese disparate anual perfectamente comparable a los sacrificios humanos hechos por humanos a los dioses. En ese “ATIS TIRMA” navarro y “muy mejorado”. Si no les arrancase el corazón a mano, como en lo alto del templo de La serpiente alada de incas y mayas, se lo arrancará el toro con su cuerno; si a bien no viene. 

La calamidad, la destrucción y la muerte condescienden con la visión onerosa y por lo mismo política que le importa ¡nada! Que no sea mantener e incluso aumentar escalando alturas y sus tejemanejes, encumbrando al desmandado y pueril Hemingway en el que se fundan y refunden para darle émulo de ONG a una de las hecatombes más sonadas de la historia: cuando en el futuro se cuestione el desastre!.

Tanto luchar por la libertad en el bando republicano, tanta prosa enardeciendo los valores de la libertad, para terminar retornando a España (después de que Eisenhower le allanara el camino paseándose por las calles de Madrid) a aceptar de facto la dictadura para poder emborracharse en los san fermínes; degeneró moviéndose entre Pamplona y la bodeguita del medio. ¡Sí, la del mojito¡. Cuando ya Cubita pasó de ser bella por abastecida, a ser mas fea que el diablo por desabastecida, y por no tener que llevarse a la boca; pero él Hemingway, manejaba dólares; que con solo uno agarraba dos chispas en la paria perla de las Antillas. 

Vacío existencial terrible siente el ser civilizado que contempla el panorama televisado. Desorientación y sensación de inutilidad que sólo se atenúa con el seguir adelante sacrificándose penetrando desesperado por comprender la locura ¡¡y el porqué!! se ha iniciado y quiere seguir en su regodeo.

Por mucha que sea (que es muchísima) la fastuosidad ceremonial de los prolegómenos de esa asombrosa celebración, no deja de parecernos menos increíble ni tampoco se atenúa lo que nos parece una horrible pesadilla. Denuncio -a cuantos entes pasivos e inductores necesarios- ante el tribunal internacional para la integridad humana, y animal también; aunque lo del animal (los toros) aquí no se discute, porque, se trata de “desanimalizar a los animalizados”.

El que vivamos en la sociedad del descrédito; que dentro del caos generalizado la gente no crea en nada, sin embargo, aún por muy desesperados que sean los momentos jamás se ha usado masivamente tirarse a las vías, “hacer puenting” a cuerpo desamarrado, etc. Por eso nos parece increíble que personas que no desean salir de este mundo se sometan a empinadas y afiladísimas astas, al luto del estrecho, altamente preocupante, capador callejón.

Ya son demasiadas las lágrimas que se han vertido llorando a todo tipo de familiares ¿asesinados?. Ya son muchas las corbatas que peden por luto; no solamente en España sino además en el mundo entero por culpa (del Hemingway de los cojones con su libro “La raza” malo como carne de pescuezo – por eso se vendió tanto e hizo tanto daño- ) de un negocio malsano asqueroso que mantienen con alfileres sin sentir horror. Solamente por no perder el favor (voto) de la España que da vergüenza sustentada en los titiriteros de toda la vida: curas, alcaldes, políticos de todo desorden, prensa asquerosa y demás autoridades; todas ellas, predicadoras de buenísimo; alienadoras de lo que no es muy recomendable nombrar y muy peligroso complicar beatitudes de impulsos; que lo que les nacen su interior es lo burdelesco; de hechos y dichos propios del burdel; en el que viven mentalmente, mientras mienten, como todo lo humano, no tienen mas y menos que nadie: de lo humano hay que esperar siempre lo peor. 

Se sabe que no es una buena técnica ir a saco en cualquier asunto, pero cuando no hay ni una sola explicación racional que pueda refutar lo que aquí se dice, a la precaución se le puede dar el día libre. Nadie podrá racionalizar el dolor de un padre al que le matan por aplastamiento a su hijo púber en un hediondo callejón preparado al efecto por los desalmados que se ventilan aquí más arriba y más abajo. 

En el deseo de lo humano de explicar las cosas que se salen de madre caben dudas de cómo se puede ser más incisivo o expresivo. Porque la sola barbarie contemplada en el transcurso de los días de esa “fiesta”, atolondra, descoloca, petrifican los peligros que en toda esa absurda romería se ciernen como colofón además de los de los encierros: borracheras, sobredosis, carteristas, puteros y “su mercancía”. Peleadores profesionales cuantos haya en la región, también los amateurs y aficionados. Botellazos, palos, puños americanos, no pocas navajas y algún que otro revolver, este noble material se lleva a emplear. Su no uso dependería del destino y del cielo benigno y pretencioso, que, si permite guerras, ¡que le van a importar unos botellazos, unas tundas de palos, unos puñetes a la americana, unos arreglos de cuentas a base de cortes en el culo según costumbre napolitana; o cortes en otro lado según la costumbre al uso o al gusto!. Lo de los tiros les presuponemos al aire para intimidar. Si hubiera que bajar balas a atravesar cuerpo de individuo, culpabilizamos por supuesto (tanto como de lo mas mínimo que en ese bochorno suceda) a cuantos han organizado ese, el mayor escándalo evitable que tiene ahora mismo el mundo conocido, según mi opinión.

Que ganas tengo – que hambre – de seriedad, compromiso, solvencia intelectual: de vivir en un país civilizado bajo los diferentes puntos de vista. Es mi opinión, que como otra cualquiera, no escapará nunca a la presunción y a la suposición.

“A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición”. No se puede jugar con el primitivismo y la ignorancia de una comunidad alienándoles con coplillas absurdas como la del ejemplo. 

Si algún mérito tiene todo lo dicho aquí es, que no es palabra de Dios. ¡¡Amén!!

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