viernes, 8 de noviembre de 2013

La necedad

Por Luis C. García Correa y Gómez
A lo largo de la vida ¿cuántas veces actuamos como necios? ¿En qué tenemos puesto nuestro corazón? ¿En las riquezas y los oropeles? O lo tenemos en las cosas de valor
Como pueden ser lo eterno, la felicidad, la libertad, el amor…
“No depende la vida del hombre de la abundancia de los bienes que posee”.
Puede que podamos vivir confundidos cuando tenemos los medios necesarios para vivir. Puede que hayamos puesto nuestro ideal de vida en disfrutar lo más posible, con detrimento de lo fundamental, se sea creyente o no.
Lo fundamental es llenar la vida de contenido, por el amor a Dios y al prójimo.
¡La vida se llena con lo inmaterial: el amor!
No creo que la falta de creencia en Dios se sustituya por alcanzar medios materiales para poder tener el mayor disfrute de los bienes terrenales, olvidando lo principal: el  amor, se sea creyente o no.
¿Qué sentido tenemos y le damos a nuestra vida? ¿Puro materialismo? ¿O le damos el complemento necesario de la vida espiritual, de la vida del alma, de la vida del amor?
¿Se puede llenar la vida sin amor?
¿Se puede llenar la vida sin Dios?
“¿Necio, si puede que esta misma noche te exijan la vida?"
Creyente o no.
¿Qué sentido tiene la muerte? ¿Y qué sentido tiene la vida?
Necio o no, la contestación a estas preguntas definen el comportamiento, la existencia y su contenido.
¿Vivir sin contenido, es como un tambor rajado, lo es pero no suena?


La necedad anula el bien y enaltece el mal. Llegando incluso a la gravedad.
Ama la verdad, que es el fundamento de la honestidad, y la vida será esplendorosa. Sólo necesitas la participación honesta que nos dará la sabiduría, que anulará cualquier necedad que se nos ocurra, y que pueda dañar incluso nuestro prestigio. “Sabio por honesto, dejar de ser necio de hecho”.

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