jueves, 11 de septiembre de 2014

Una rosa roja

Por Pedro Domínguez
¡Cuánta vida daría por retener el sentido bello y existencial de una rosa! ¡Cuánta amargura sugiere no asimilar todo lo que pudiera devenir de una contemplación extasiada en una realidad que se deshoja en mis torpes manos!

Fue un momento de soslayo cuando la mirada adormilada en el incomodo sillón de la guagua, despertó con el colorido rojo matizado en negro.  exultante se asomaba a una ventana cochambrosa.  El sentimiento lirico sugería  tantas preguntas que  transmutaban en devaneos con las musas y los versos casi calcados de plagios de sentimientos de trasnochados versos quizás lo mejor sería la prosa esa prosa envuelta en el embrujo del lenguaje donde la escarcha en sus pétalos son reflejos plateados sus espinas evocan al martirio de Jesús y la vida efímera de la rosa se asemeja a la vida noble anónima de los mártires de lo cotidiano que mueren cayendo al suelo sin mas triunfo ni gloria que el de haber existido.

Volviendo a la imagen que mano cuidaba con mimosos riegos ¿ Podría ser una anciana que se recreaba en la belleza que con sus carnes y flácidas con ya una existencia volcada en el tenebroso caos de una mas que firme predisposición a una muerte cierta donde antaño sus rubios o posiblemente color azabache los pelos ahora plateados o manchados con un tinte barato.

¿Pudiera ser que esta pequeña vida que apenas resiste un pequeño hálito de brisa tuviera mas valor que yo? Siendo así, sería por mis convicciones viciadas de egoísmo, por mi presunción y por otras finezas de las que me avergüenzo. Ante tanta belleza, delicadeza, perfume de dioses… ¿qué se le puede comparar?

Quizás no sepa exactamente por qué escribo, pero estoy seguro de que debo hacerlo porque esto es para una cura de humildad; para auto-convencerme de que la creación fue y sigue siendo algo que  llamamos Dios y que a Él le enorgullecen las flores, las mariposas, las rosas rojas… como a mí. Hasta es posible que representen un algo mas que mi propio yo, que arrastra un corvo esqueleto que, con el paso del tiempo, pudiera ser que por no deshojarse a tiempo, se mostrase marchito y dando lástima.

Por lo dicho, qué bella era la rosa y cuánto desatino…

No hay comentarios: