viernes, 3 de abril de 2015

Donde acaba la razón, allí sigue la fe

Por Esteban G. Santana Cabrera
Muchos son los que se cuestionan hoy en día que para qué sirve la semana santa, salvo para descansar un par de días y no entienden cómo, todavía, la gente va a misa los domingos o asiste a las procesiones. El mundo está consternado por el suceso acaecido esta pasada semana en los Alpes franceses en el que fallecieron más de 150 personas inocentes porque a una “mente enferma” se le ocurrió “eso” a miles de metros de altitud, no sabemos por qué motivo. Otros se cuestionan el por qué Dios permite cosas como éstas, que mueran inocentes, familias destrozadas y mutiladas por el dolor.
¡Cuántas ilusiones y proyectos que se vinieron abajo en cuestión de minutos!  Y parece que el destino ha querido que ocurriera en un tiempo en el que los cristianos conmemoramos la pasión y muerte de Jesús, que, casualidades de la vida, también murió sin motivo alguno. La razón humana es incapaz de encontrar una respuesta lógica a hechos tan dolorosos, tanto a la muerte de ese  centenar de personas que se dirigían a Alemania como a la del mismo Jesús, o sin ir más lejos a las mujeres que caen víctimas de la violencia machista cada año en España.
La semana santa  es tiempo de trabajo, descanso, fervor, diversión y fe que se conjugan  durante este periodo de comienzo de la primavera, y que todavía, pese a quien le pese se sigue viviendo con plenitud, eso sí de otra manera que antaño, pero continúa siendo una manifestación de respeto y simbología en muchos lugares del mundo, donde la gente llena los templos y se echa a la calle en procesiones y manifestaciones religiosas que culminan con la celebración de la resurrección de Jesús.
Yo tengo muchos recuerdos de la Semana Santa, cargada de solemnidad, donde la gente se iba preparando desde el Miércoles de Ceniza con la entrada de la Cuaresma. Procesiones, actos litúrgicos, encuentros de jóvenes con el obispo, visita a los monumentos,  etc, compaginaban de manera natural con el ocio, la playa, el encuentro con los amigos y la diversión.
En algunos de nuestros pueblos se representa desde hace muchos años,  la pasión, muerte y resurrección de Jesús movilizando a miles de personas como el tradicional Auto de la Pasión de  la Villa de Agüimes  escrita por Orlando Hernández, hijo de la villa. O la representación de La Pasión en Tamaraceite,  que se ha recuperado después de muchos años en el olvido y que movilizó a más de un centenar de vecinos este fin de semana.
Si tratásemos de explicar con la razón el por qué la gente acude a misa, a las procesiones, a los actos de semana santa en pleno siglo XXI, creo que perderíamos el tiempo. Igual ocurriría a mi entender con actos tan desgraciados como los de la pasada semana en Francia, o el fallecimiento de un ser querido, o una enfermedad sobrevenida. La fe es certeza, certidumbre, confianza, convencimiento, convicción, esperanza, seguridad en la Divinidad. Y eso ni se compra ni se vende, se vive. La fe no es cuestión de práctica, es cuestión de confianza en un Ser superior que durante estos días, si cabe, se hace más presente en la calle, en los medios de comunicación, en la vida misma de creyentes y no creyentes.
Les animo a vivir la semana santa en plenitud, creyentes o no, con los que tienen a su lado. Hagamos de estas mini vacaciones un tiempo  para descansar y disfrutar, de encontrarnos, de vivir, de pedir y compartir, de perdonar, de amar y dejarse amar, de rezar y actuar. Yo voy a intentarlo. ¿Y tú?

1 comentario:

pedro dominguez herrera dijo...

Coincido en todo lo que dices siempre he creido que ya que para todo tenemos fechas de cumplimiento a lo largo del año dia del padre ,de la madre...Las navidades para regalos y glotonerias la semana santa aun tomandosela como unas vacaciones debería ser tiempo para perdonar. Perdonar es el acto más dignificante y de amor al projimo ...