martes, 8 de septiembre de 2015

El comienzo de curso

Por Esteban G. Santana Cabrera
LPDLP. Comienza mañana un nuevo curso escolar en Canarias con algunos cambios. De entrada la Consejería de Educación pasa a manos de Coalición Canaria después del periplo del PSOE y José Miguel Pérez al frente de Educación, que hay que decir,  ha sido una de las etapas más fructíferas de la Educación en Canarias, donde ha habido una verdadera preocupación por el cambio educativo y por  el alumnado desde lo más adentro. Trabajando para que los sentimientos y las emociones no quedaran de lado, teniendo en cuenta que cada alumno es único y diferente de otro de su misma clase, barrio o de cualquier otro punto de las islas, con otras necesidades e intereses, sin discriminaciones por raza ni coeficiente intelectual. Se crearon proyectos como el Programa Infancia o el Travesía que no solo ha introducido la docencia compartida en el aula sino que ha tratado de llevar nuevas metodologías, cambiando el estilo de aprendizaje, ese que tanto mal nos ha hecho, el de la escuela excluyente y desintegradora. Y sin olvidarse del que menos tiene, tratando de cubrir una de sus necesidades básicas todo el año, el comedor.
Es verdad que han quedado muchas cosas en el aire y que los cambios no son siempre del gusto de todos. Salir de nuestra zona de confort origina conflictos, pero la respuesta del profesorado canario ha sido muy abierta al cambio y por ello se ha puesto las pilas rápidamente. Casi queda atrás una escuela que trataba de integrar dándole paso a otra inclusiva, donde no hay alumnado bueno ni malo, sin distinciones, donde todos pueden estar haciendo la misma tarea acorde a sus posibilidades e intereses y donde la familia tiene un papel primordial. Casi nos olvidamos de la escuela basada en el libro de texto como único recurso, pasando a ser un recurso más, que puede complementar la planificación del docente teniendo en cuenta al grupo que tiene delante. Poco a poco estamos pasando de una escuela individualista y cerrada al exterior por otra unida en red de centros innovadores y por la continuidad escolar, cuyo objetivo es abordar y disminuir las tasas de abandono escolar.
Pero vamos a detenernos en la inclusividad, que es a mi modo de ver, uno de los pasos más importantes de los que ha dado la educación del S. XXI, sobre todo en Canarias. Según Rosa Blanco de la Universidad de Santiago “el concepto de inclusión es más amplio que el de integración y parte de un supuesto distinto, porque está relacionada con la naturaleza misma de la educación general y de la escuela común. La inclusión implica que todos los niños de una determinada comunidad aprendan juntos, independientemente de sus condiciones personales, sociales o culturales. Se trata de lograr una escuela en la que no existan "requisitos de entrada" ni mecanismos de selección o discriminación de ningún tipo; una escuela que modifique substancialmente su estructura, funcionamiento y propuesta pedagógica para dar respuesta a las necesidades educativas de todos y cada uno de los niños y niñas, incluidos aquellos que presentan una discapacidad. Mientras que en la integración el énfasis está en la adaptación de la enseñanza en función de las necesidades específicas de los niños integrados, en la inclusión el centro de atención es la transformación de la organización y respuesta educativa de la escuela para que acoja a todos los niños y tengan éxito en su aprendizaje”.
 Afortunadamente, con esta nueva concepción de inclusividad, ya no hay alumnos “normales” ni “diferentes”, pasamos a un concepto de alumnado heterogéneo como bien dice la profesora Rosa Blanco en su estudio “Hacia una escuela para todos y con todos”. En la heterogeneidad está la riqueza de nuestras aulas y por ello debemos reflexionar en este comienzo de curso en qué punto nos encontramos, si dentro de una escuela tradicional o una escuela inclusiva, que trabaje las distintas inteligencias del alumnado, con distintas metodologías de trabajo y agrupamientos, con variedad de recursos digitales, bibliográficos y manipulativos. Una escuela abierta y libre, sin sometimientos al régimen político de turno, sino teniendo como premisa principal el bien del alumnado.
Esta batalla no debemos hacerla solos, sino que tenemos que estar más unidos que nunca, profesorado y servicios de apoyo a la escuela, dirigentes políticos y sindicatos, familias y sociedad. Este es mi deseo para este nuevo periodo escolar que comenzamos. 

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