lunes, 19 de octubre de 2015

Lo que propongo no es una ideología, es una forma de vida

Por Luis C. García Correa
La vida es el tiempo que tenemos para aprender, para servir, para practicar el amor y ser felices en la libertad.
Todo lo que impide la realización de esos fines es la consecuencia de que  nosotros, o los demás, hemos contribuido a que el mal haga su voluntad.
El gran y esencial fundamento de la vida es la honesta participación.
Es más fácil repartir el bien – que eso es la felicidad – que dejar que el mal se enseñoree y elimine nuestra bondad.
Somos buenos por naturaleza. Si dejamos de serlo es porque hemos abandonado, o hemos olvidado, los valores que nos enseñaron.
Amar es la ciencia y la vivencia del bien, para tener la felicidad en la libertad.
Amar apasionadamente ahoga el mal.
Hemos nacido para la santidad.
Faltar a la santidad es caminar derechos hacia el mal.
El mal no surge por casualidad, en especial aquel que permitimos con nuestra voluntad y libertad.
Tenemos que vivir para amar.
“La falta del amor permite que el mal se adueñe de nuestra libertad”.
Vivir sin amor es ser infeliz, además de que la vida se convierte en el campo abonado para la maldad.
“Vivir con amor es lo único que nos da la felicidad, porque el amor es compartir la felicidad”.
Lo que propongo no es una ideología, es una forma de vida.
Y la forma de vida es amar para, amando, ayudar a los demás.
Estos son mis deseos para la humanidad.

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