viernes, 29 de enero de 2016

La Felicidad y la Libertad dependen de la honestidad

Por Luis C. García Correa
No sé cuándo dejaré de repetir la honestidad tiene un valor inconmensurable y es muy necesaria para conseguir la felicidad y la libertad. La infelicidad es consecuencia del dominio del mal, por la falta de honestidad.
¿Quiénes imponen y reparten el mal? Aquellos que viven sin valores. En definitiva, quienes son deshonestos.
El mal no es un atavismo. El mal es una consecuencia.
Nadie ha nacido para vivir el mal ... Si alguien lo vive, probablemente es porque no contribuye con su honestidad. “Amar con pasión, es la solución”.
Benditos y alabados sean los honestos, porque tienen y reparten el bien para ayudar. Lo que los hace felices y libres de forma natural.
Ayudar a los demás es la meta obligada de todo bien nacido, educado en valores y que dedica su vida a ayudar a los demás. Loor y grandeza a la honestidad.
Alabados sean los honestos porque reparten el bien sin mirar a quién. La felicidad y la libertad dependen de la honestidad de los buenos en su participación de ayudar. La felicidad y la libertad dependen de la honestidad.

2 comentarios:

LUIS GARCÍA-CORREA dijo...


Decir que está poco o nada de acuerdo – que puede ser verdad – necesito y ruego que se diga el por qué. Sólo marcar no explica, dice que no está de acuerdo, pero ¿por qué? Por ello agradecería conocer los argumentos para aprender, corregir lo que haya dicho mal y aprender, que es lo que sigo haciendo desde que nací, y que así me educaron: aprender, no callar para informar , corregir para mejorar y decir responsablemente para tratar de ayudar. Nunca si o no. Luis García-Correa.

Esteban Gabriel Santana Cabrera dijo...

Esto es reflejo de la sociedad misma Don Luis. En muchas ocasiones calificamos acciones, hechos o a personas, pero no tenemos la valentía de argumentar esas calificaciones, ya sea por falta de valentía, falta de expresión o lo que llamo yo, por "falsas creencias", de oponerse a todo lo que viene de alguien que tiene una ideología distinta a la nuestra. Si lo llevo a mi campo, el educativo, vendría a ser como si suspendo a un alumno/a y no le argumento el motivo del suspenso. Se quedaría como usted ahora, a cuadros. De todos modos, démosle el beneficio de la duda y no se agobie por ser calificado negativamente, porque quiere decir que, al menos, le están leyendo.