viernes, 30 de septiembre de 2016

El deseo del bien

Por Luis C. García Correa
Los seres humanos tenemos, de forma natural, normalmente, una inclinación al bien, y un saber lo que es el bien y lo que es el mal.
Sin embargo, para tener voluntad de hacer, y para hacer esos actos del bien no es suficiente la inclinación ni la improvisación. El bien se hace desde los valores que se tienen.
Los valores son el cimiento del bien y del edificio de la vida.
Hay valores materiales y espirituales, y hay quien los confunde, unos y otros, por falta de educación, o preparación, y en algunos casos hasta por egoísmo.
La esencia del valor está en saber y vivir los valores que trascienden, los valores que dejan huella del bien y su bondad, y se distinguen del mal y su maldad.
Los valores materiales deben servir para fortalecer e incrementar el bienestar y también deben contribuir a facilitar el desarrollo de los valores espirituales.
El mal uso de los valores materiales conduce a la infelicidad.
La meta para alcanzar la felicidad es fortalecer y desarrollar los valores espirituales.
La materia en un medio pero no un fin, porque el hombre no es solo materia. Por eso un desarrollo meramente material no es un fin completo, siempre faltará lo más importante.
La educación y la información deben fortalecer los valores espirituales.
El espíritu es la luz que ilumina la mente, los hechos y el camino a seguir.
El deseo del bien es tener un espíritu fuerte y convincente que domine el mal por los valores espirituales.
Amar, y con pasión, fortalece y desarrolla los valores del bien e incrementa la felicidad si hay libertad.
El deseo del bien debemos reforzarlo amando, desarrollando y compartiendo la libertad.
La libertad es el camino seguro para llegar a la felicidad.
El deseo del bien debe ser nuestra meta sin igual, sin otra que le haga sombra.
El deseo del bien debe ser vivir la felicidad.
El deseo del bien debe ser mejorar.
El deseo del bien debe ser amar.

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