jueves, 28 de marzo de 2013

¿Qué metro mide la conciencia?

Por: Antonio Domínguez

La conciencia está dotada de la más grande y fina de las intuiciones; nos referimos al percatamiento ordinario (caer en la cuenta) que es del que comprendemos su dinámica,- que podemos ver-, y no a huellas mnémicas desconocidas, que prevalecen ocultas y afloran autónomas sin avisar a nadie. Como “sin razón” se producen, no hay explicación de porqué son tan oportunas, eficientes y eficaces. De ellas cuando actúan solo se es consciente a posteriori. No perder esto de vista, es lo que más utilidad tiene para no dejar entrar a subconciencia los miles de billones de estímulos que no interesan a conciencia determinada; que en futuro pueden aflorar mas contradictoriamente haciéndonos daño; por llegar evolucionada, muy deformada, la propia invalidez estúpida que tuvieron al instalarse. Como es lo lógico, o mágico, eso solo puede ser predeterminado por un hombre en la unicidad de su hombría. Por eso cuando hablamos de una conciencia cualquiera, podemos decir con propiedad que la misma ha sido predeterminada, o se ha ido determinando en los pasos hacia la existencia intelectual personal; que no es ello mas ninguna otra cosa que el propio proceso evolutivo. Lo mismo que dijo Descartes pero sin florituras.
El dueño de una conciencia cualquiera camina premeditadamente a estar encantado con ella, a la cual, modela a su semejanza. Como todos, nos asemejamos (es de evidencia meridiana) solo a lo que creemos comprender.
No todo puede ser concienciado aun por óptima disponibilidad a la extroversión o introversión; no importando incluso la agudeza de los estímulos. Aun estando un individuo en momento de extraordinaria asimilación; en hora de altísima perceptibilidad; no hay tiempo para procesar “todos los relámpagos” porque la conciencia no da abasto. Es por lo que los almacenamientos a subconciencia cada uno es un flash. Me refiero a los estímulos que a veces, sean equivocados, como así mismo inequívocos; de una forma o de otra, siguen a toda velocidad para el subconsciente porque el consciente no les ha podido detener. ¿Para qué sirven estímulos demasiado fugaces o como sean, si no hay tiempo para aprehenderlos? Porque no hay tiempo para diferenciarlos. ¡Es mucho más!: “para verlos”. Es imposible cuando se entra a una fábrica, sintetizar los diversos ruidos, imágenes, olores, colores y climas. Es perfectamente posible hacer descarrilar a la conciencia, pero no a la subconciencia; adonde todo va a parar generalmente, que luego, gran parte, la desviará y vaciará en lo inerte (es su estercolero) los desechos, y mantiene lo que le es afín  a su jefa la conciencia, merced a un poder ¿no conocido? de su supuestamente potente y rara  memoria particular. Lo que la conciencia, primer filtro no puede parar e impedirle la entrada, lo repele la subconciencia; filtro definitivo, a ese estercolero que tiene de su propiedad, donde lo inocula en lo inerte. No quepa duda que toda vivencia y dato a conciencia, (que ya ocupa la conciencia) a pesar de que, la   persona, cabeza, que ocupen les compruebe indeseables ya no hay vuelta atrás, porque la subconciencia ha quedado enterada y empieza el proceso de separación y aparte entre lo que mandará a lo inerte y lo que conservará en propiedad; pero lo que va a parar a lo inerte que ya ha pasado por conciencia y subconciencia tiene consecuencias en la personalidad: ya ha manchado y contaminado todo a su paso. Desde la elaboración (intelección) del conocimiento con todo su poder de perceptibilidad, el paso a la conciencia y la deriva irremediable a subconciencia y desde esta (lo que no sirve a ese cerebro de-ter-mi-na-do) al mismo estercolero, que toma carácter de sima-cementerio radiactivo; prevalece peligrosamente todo este mundo aparentemente inverosímil que en forma muy individual y particular es el reino de cada persona por sí mismo. La suciedad-tizne-basura intelectual, esta siempre en la subconciencia; (es producto de apartes torpones de la subconciencia, difícilmente concienciables: el mal obrar es pura ignorancia: inconciencia o, cortísimo entendimiento, equivalente también a inconciencia; como todo lo que no llega o no es) culpable de esto son todos los filtros ya dichos. Cuando no hay un pensamiento del conocimiento fuerte y una razón libre lo más posible de estereotipos, la conciencia queda manos al aire, vendida. No hay estímulo que no se cuele por ahí para adentro con esa facilidad que dicen que tenía San Juan para entrar en su casa.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto es muy difícil de entender es para gente mas culta e inteligente que yo

Anónimo dijo...

Gracias en general señor/a por haber participado. En esta página solo hay una persona que escribe ejerciendo su oficio. En la frialdad de cumplir con su trabajo (el cual tenerlo presente antes que ninguna otra cosa le honra) y no se le presupone la lujuria y las ansias de relumbre que todos los demás tenemos; o por lo menos yo, siquiera un poco la lumbre del relumbre ansío.
Señor anónimo/a, su renglón dice lo que dice sin dejar resquicio a interpretaciones; como por ejemplo: me pueda usted estar mandando a mi zapato y zapatería o “anunciando” que no tenga yo formación para esos eleves. Admita la suspicacia del que ha subsistido en el universo franquista; dentro de la burbuja, a los pies de un sillón de barbero (“bofetón tras bofetón”). Con estas retahílas le digo que lo que pretendo es animar a pensar y animo dando ejemplo que, aun sin clarividencia y a trompicones se puede. Es muchísimo mejor que cada cual haga a su modo, que seguir directrices que no son de nuestro pueblo, que no se han producido aquí, que no interesan aquí, que nos empobrecen aquí bajo los diferentes aspectos de las diferentes apartados del vivir etc., etc.
Ya de salida señor anónimo/a, si su renglón quiere decir lo que dice y es que considera mi pensamiento “del salón el difícil ángulo oscuro” me rindo al placer de estarle profundamente agradecido; por lo que le saludo con atenciones especiales.

Antonio Domínguez.

Anónimo dijo...

Ante nada, quiero pedir disculpas a Antonio Domínguez por retrasarme tanto en hacer un comentario a su artículo referido a la fecha de apertura de la exposición de Juan Alberto Díaz. Por motivos que no vienen al caso, ayer leí dicho texto y hoy me dispongo a hacer un somero comentario sobre el mismo. Me he quedado gratamente sorprendido al leer la dimensión sentimental que ha puesto para exponer sus vivencias en el entrañable acto; al advertir el modo exquisito y afable de mostrar no sólo aspectos puntuales del mismo, sino la manera de recrear el contacto con todos aquellos amigos y conocidos a los que nombra uno a uno, mostrando de un modo sencillo sus afectos por las personas que que le rodean y la intensidad con que ha sabido llegar a sus interiores. Especialmente esas que se entretejen en nuestro mundo de Tamaraceite. Antonio es un gran conocedor, a eso dedica un generoso esfuerzo de su pensamiento, de los comportamientos humanos, y me admira y satisface ver con qué espontaneidad muestra un grato perfil de todas aquellas personas a quienes quiere y profundamente conoce. Me ha agradado muchísimo el ambiente cálido que ha sabido crear partiendo de sus afectos, de su espontaneidad y de su alto grado de ocurrente agudeza. Recrea sus conversaciones con todos y a todos dedica un elegante guiño lleno de simpatía y aprecio. Tamaraceite tiene un pensador y a la vez un articulista de altura; no hay otro, estoy seguro, que posea su talla intelectual. Es un hombre que escribe la profundidad de lo que piensa y piensa con acierto cuanto escribe. Debemos sentirnos orgullosos de ser convecinos de una persona así. Yo me siento orgulloso de estar también entre sus amigos.


J.J. Mujica Villegas