domingo, 16 de febrero de 2014

Los olores de mi pueblo (1ª Parte)

Por Tino Torón
Después de haber escrito una serie de capítulos sobre el gofio llegándome  ese olor, sin darme cuenta me vi envuelto en  unas olas de olores de mi Pueblo y de tu Pueblo, de nuestros Pueblos hoy
desaparecidos, queriendo envolverme otras vez en ellos repicando esta canción, este verso silencioso y perfumado que muchos olieron y vuelven a oler.
Olores que no quise que se evaporaran y que he guardado, ofreciéndotelos en este bote recordado que deseo que al leerlo vayas oliendo el perfume de Pueblos sacados de la entrañas de un pasado aun no muy lejano.

LOS OLORES DE MI PUEBLO
PRIMERA PARTE
Ya mi pueblo no huele a pan
ni a millos tostados, ni a gofio
ni a frutas, pescados
ni a zapaterías, carpinterías…
ni a sábanas ni retales                                     
ni a ropas lavadas, ni estiércol

Ya mi pueblo no perfuma
ni pasan burros ni bestias
ni cabras ni machos
solo algunos  gatos y perros

Ya mi Pueblo, mi Tenoya
no me envuelve ni la mirada
a donde ha ido mi pueblo
¿dónde está?
¡está muerto¡

Hoy de vez en cuando me llegan olores
olores a recuerdos de ensueño

Dónde están esos olores naturales
de plataneras, papas, cebollas, judías,  millos…
árboles frutales, hierbecilla del camino…

Ya la gente no abre las puertas ni galerías
para que salgan los olores
a cafés, potajes, carnes, pescados
o a ese frescor de sus patios


Dónde están los olores de mi pueblo
a tiendas, bares, cafetines
nada huelo a pueblo
ni a sudores de obreros

Ay de mis calles de olores
de perros y cagajones
en el sutil suelo de tierra polvorosa
donde al amanecer
barrido estaba

Todos, todos con su espacio
defendiendo sus linderos
no pelees Juana que Antonia
mañana será tu guarda

Como olía mi pueblo
aceites, petróleos…
menos a dinero

Como olía mi pueblo al paso de la gente
factorías, carbón del muelle, tomateros…

                                        Tino Torón

2 comentarios:

Sergio Naranjo dijo...

Hombre, tanto como que Tenoya sea un pueblo muerto, yo no diría.
Otra vida, otros modos.
Nos queda la nostalgia de las plataneras, de las acequias llenas de agua, de las lavaderas, del verdor, del cine, del sosiego.
Pero tenemos olor a gasoil, aridez, tierra quemada, abandono, suciedad, arbustos raquíticos propios de climas desérticos, prisas...
Otra vida. Desde luego mucho más fea que la conocimos, como cuando había que ir al fondo del barranco para que maestro Pedro nos arreglara un destuerzo. Pero así son las cosas, amigo Tino. ¡Salud!

Tino Torón dijo...

Sergio: Gracias por analizar el tema, efectivamente es como dices, lo aclaras y añades.
Los que conocimos esos momentos efectivamente sentimos nostalgia, todos dependiendo la época que la han vivido, pero tenemos que cambiar en el sentido que vivimos muy aislados los unos con los otros y pasamos de largo de lo que ocurre en nuestro alrededor.

Te agradezco el comentario, estos son los que me hacen reflexionar.
Un saludo amigo colega. colega