sábado, 3 de mayo de 2014

Sartenes chinos

Por Pedro Domínguez
Hace unos días compré unas sartenes de marca conocida y de precio como si se hubieran producido en España y fue una sorpresa comprobar cuando fui a utilizarlos que eran fabricados en “La China”. ¡Si lo hubiera sabido no los habría comprado!
Las multinacionales están haciendo un juego sucio a los estados que son rehenes de las nuevas formas que tienen estas macro empresas de actuar. Fabrican en países de mano de obra barata, se llevan sus dineros a paraísos fiscales y nosotros los consumidores, haciéndoles el juego. Otras sartenes fabricadas aquí, de igual calidad, me hubieran costado lo mismo. El bajo coste del producto se lo llevan entre la marca multinacional y la gran superficie que es pariente cercana de estas firmas o empresas.
O los países toman una determinación de poner aranceles altos a los productos de fuera que se producen en su territorio o esto es un caos. Europa debe  despertar del idilio que tiene con sus empresas, las cuales, a las primeras de cambio dejan a sus países en la estacada. Empresas que se dicen españolas; ejemplo: en lo textil producen en países tercermundistas, nos venden a nosotros y luego invierten en América.
Quizás la solución la tenemos los consumidores. Hay que utilizar el wasap para mandarnos mensajitos como los que se usan en  las manifestaciones con el mismo sentido de rebeldía y populismo en defensa de lo nuestro, en defensa de seis millones de parados y comprar la marca que se produzca aquí. Si las multinacionales cuando levantan vuelo están seguras de que no venderán ese refresco, esa ropa, esas sartenes, etc.,  se lo pensarían y no actuarían de esa forma.
No quiero decir que no se deban comprar productos de otros países, porque el comercio entre naciones debe existir y a nosotros nos beneficia. Lo que no es de recibo es consumir de fuera lo que  se puede producir aquí.
Para terminar, estas empresas van rotando por países en desarrollo o en crisis, para obtener mano de obra barata y condiciones fiscales favorables y cuando las condiciones cambian, se van a otro lugar y juegan con la precariedad y se cargan el crecimiento sostenible. Esta forma de gobernar y producir que tiene ahora mismo el mundo acabará con el estado del bienestar y la humanidad va a caer en la pobreza generalizada.
En definitiva, los consumidores tenemos “la sartén por el mango”. El futuro está en ello, se hace más por un país aprendiendo a consumir que con la algarada callejera.

1 comentario:

Roque dijo...

Nos engañan como chinos y no nos damos cuenta. Buena reflexión sí señor