jueves, 17 de julio de 2014

Apuntes...Soñadores

Por Jesús Vega Mesa
Sueño casi todas las noches. O al menos cada día despierto con una historia en donde se mezclan realidad y fantasía. Unas veces me hacen reír y otras despiertan en mí emociones diversas. Anoche por ejemplo, el sueño me regaló un encuentro casi real con un hermano. Al despertar sentí la alegría de haber visto y hablado con R. y la pena de que aquello no era cierto. La pena de que había sido sólo un sueño. 
Y esta tarde, como si fuera la continuación del sueño, mientras caminaba (y cojeaba) por estos alrededores, un señor me paró para preguntarme si conocía a M.
-Claro que sí, le contesté. Lo veo algunas veces por aquí.
-Pues tenga cuidado, pues es un soñador.
-¿Qué tenga cuidado? Pero si a mí me gusta la gente soñadora, que cree en las utopías, que es arriesgada y no se amilana por nada…que es idealista
No acabé de hablar y el vecino me interrumpió:
-No, no. Me refiero que es un fantasioso, que imagina mucho, que no puede uno fiarse de él…que inventa cosas… Por eso le digo: Tenga cuidado.
Y, como si de un mal sueño se tratara, intenté no creérmelo. Porque soñar es bonito y es necesario. Pero aquel hombre insistía en decirme lo peligroso que es ser soñador. ¿Peligroso? Peligroso es no soñar. Peligroso es quien no mira el horizonte ni cree que es posible cambiar uno y cambiar el mundo. Peligrosos son los conformistas y los que no ambicionan progresar y ser mejores.
No hice caso a aquel amigo. Pero me ayudó a reflexionar. Porque yo, como tantas gentes, no solamente sueño por las noches. Cada día, cuando termina la jornada reviso los sueños que he tenido y por los que me he esforzado. Es verdad que la mayoría no llegan a cumplirse. Es verdad que algunos pueden ser demasiado utópicos. Y por eso deseo que pase rápido la noche para mañana seguir intentando lo que hoy no pude conseguir.
Y al despertar de nuevo, repaso lo soñado para empezar la aventura, siempre nueva, que se me pone delante.
Soy un soñador. ¿Seré peligroso?
El mundo hay que hacerlo y transformarlo cada día.
¡Pobres de aquellos que no saben soñar!
¡Pobre de mí el día que amanezca o anochezca y no descubra ningún sueño nuevo!

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