martes, 15 de julio de 2014

El Hombre

Por Luis C. García Correa
Los hombres somos buenos por naturaleza, por educación, por creencias y por valores. Hemos nacidos para ser buenos, felices y libres. Pero nunca para utilizar la libertad con perjuicio de un tercero, que ya no es libertad.
¿Por qué hago estas disquisiciones? Porque algunos hombres, últimamente, somos los grandes detractores del bien y generadores del mal. Lo que unido a los pasotas e individualistas fortalece al poder perverso.
La gran fortaleza y autoridad del hombre está en hacer el bien participando honestamente, y sin pedir nada a cambio.
Se necesita, urgentemente, la participación honesta de la mayoría de los hombres, para contrarrestar al citado poder perverso.
Necesitamos, urgentemente, la participación honesta de todos los que están en el paro, en especial de los que están cobrando una paga. Y no digamos los jubilados, que tienen tiempo disponible. Nadie puede ni debe vivir sólo para él.
El cuerpo humano necesita la actividad. La paralización de un miembro lo termina anquilosando. Lo mismo nos pasa con la mente y con la actividad.
Si nos paramos nos anquilosamos esperando aburridos, tristes e inactivos, a la muerte, que llegará asombrada, viendo el tiempo que hemos perdido.
Los hombres hemos sido abusadores del poder. Ahora, afortunadamente, con la libertad presumida - aunque no real - tratamos de vivir acorde a nuestras obligaciones…:ser honestos, solidarios y participativos.
La santidad y la grandeza las hemos vivido a lo grande. ¡Qué enorme cantidad de hombres han marcado la historia, los adelantos y el progreso! Hemos seguido avanzando, pero ahora acompañados - ya casi al mismo nivel - de la mujeres, afortunadamente.
Aún no hay la verdadera igualdad entre la mujer y el hombre. Cuando llegue, este mundo será lo que tiene que ser, un paraíso.
Los hombres tenemos la ineludible obligación de ser solidarios y participativos, porque el poder y autoridad que podamos tener no es nuestro, es de todos, y a todos tiene que ser devuelto, a todos tiene que volver en forma de buenos hechos.
La felicidad está en compartir. Hemos sido grandes creadores de ideas, y ahora debemos serlo de hechos.
Benditos sean los hombres que dedican su vida a trabajar por los demás sin pedir nada a cambio, de ellos es la autoridad, el bien, presente y el futuro.
Colaboremos en el bien, repartiendo el bien, y con ello habremos cumplido con la inestimable y necesaria honesta participación para la plena felicidad y la plena libertad.
Las mujeres y los hombres, somos los privilegiados de la creación.
Correspondamos con nuestra honesta participación en el bien, y la gloria, la felicidad y la libertad serán la compensación.
Y tendremos nuestro hábitat y convivencia natural, por ser unos honestos y participativos hábitatistas.

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