viernes, 28 de noviembre de 2014

La honestidad

Por Luis C. García Correa
La honestidad es la virtud de los grandes, de los humildes y la de los buenos.
Sin honestidad no hay felicidad ni libertad.
Amor y honestidad son la misma cosa. No se puede amar sin honestidad y no hay honestidad sin amor.
La cumbre de la felicidad personal y social está en amar y ser amado.
Para amar y ser amado tiene que existir la honestidad.
La honestidad no se improvisa, se hereda y se tiene por la educación recibida.
Hemos nacido para la santidad, para ser felices y libres, y ello se consigue, y hasta se persigue, con la educación y la honestidad.
Los males personales y sociales derivan de la falta de honestidad personal o social.
La corrupción es una consecuencia de la falta de honestidad personal y social.
La corrupción no se improvisa, es una forma de proceder por la mala educación y, consecuentemente, por la falta de honestidad.
La honestidad es el comportamiento y disfrute de la plena felicidad y de la plena libertad.
Los pueblos son lo que son, mayoritariamente, cada uno de los ciudadanos en particular.
El poder y la necesidad de la mayoría honesta y participativa es tal, que sin esa mayoría no hay felicidad ni libertad personal y social.
El bien personal es la proyección del bien general.
No existe bien personal si no lo hay general.
La honestidad es la vivencia de la santidad.
Si usted no es honesto y participativo, su poder es tan grande, que si no hay una mayoría de honestos, no hay felicidad ni libertad personal ni colectiva.
 La honestidad es la creencia y vivencia del bien, de la felicidad y de la libertad.
¿Usted qué opina?
Lo que opine y haga la mayoría, así será la minoría.

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