lunes, 8 de diciembre de 2014

Consumir insaciablemente

Por Luis C. García Correa

La vida es maravillosa, cuando hay responsabilidad y amor.

El Planeta Tierra, el Planeta Azul, es nuestra casa, la Naturaleza, donde vivimos maravillosamente.
Consumir insaciablemente nos conduce a la autodestrucción personal y a la destrucción de la Tierra: a la destrucción de nuestro hábitat natural.
¿Está de acuerdo con lo dicho?
Entonces ¿por qué consume insaciablemente? ¿Qué bien o placer le crea ese consumo desbordado, insaciable? El sabor, el placer que recibe, ¿compensa los efectos que causa?
La educación es el cimiento de la felicidad y de la libertad.
Quien es educado no se autodestruye.
¿Es usted habitatista?
Quien es educado, por tanto responsable, no concibe hacer, ni hace, aquello que le perjudica de manera notoria y letal. Quien es educado es habitatista.
¡Entonces! ¿Quién o quienes se están autodestruyendo y, como consecuencia, nos destruyen a los demás?
Consumir insaciablemente es caminar por el sendero de la obscuridad, de la destrucción y de la perdición.
Consumir por consumir es la gran desgraciada experiencia y vivencia, personal y social, que conduce al fin apocalíptico de la vida personal, social y mundial.
¿Quién no sabe el daño que causa por el consumo, y más si es insaciable?
El pasotismo e individualismo nos están llevando a la autodestrucción por la sumisión al poder perverso que nos esclaviza y hace que consumamos sin necesidad.
Comprar, consumir y tirar insaciablemente, es un signo evidente de un pueblo malcriado, egoísta, y subdesarrollado.
Consumir insaciablemente es caminar por el sendero de la desgracia, por el camino de la perdición y de la inmolación.
Las cosas valen lo que las valoremos.
Consumir insaciablemente es propio de un pueblo maleducado, egoísta y sobre todo, malvado porque daña por tener, daña sin parar, destruye y se inmola.
¿Participa de la misma opinión? Si su respuesta es afirmativa, ya somos más, y tenemos que seguir, urgentemente, luchando para conseguir la necesaria honesta mayoría participativa.
¡Quien consume insaciablemente, no tiene justificación, y si sigue no tiene perdón!.

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