viernes, 13 de marzo de 2015

La utopía es realidad

Por Luis C. García Correa
Cuando existen circunstancias adversas, comportamientos anómalos y maleducados, pasotas e individualistas, en especial, corrupción, cualquier comportamiento honesto y participativo se considera utópico y fuera de la realidad.
Viví momentos trascendentales y reales de la honesta participación de la gran mayoría de un pueblo. La que hacía tanto por ciento.
En la década de los años 70 del siglo pasado, siendo Concejal del Ayuntamiento de mi ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, y del Distrito de Tamaraceite, Tenoya y San Lorenzo, se creó la primera Federación de Asociaciones de Vecinos de España.
Explicar y narrar lo que era, como se fundó y cómo funcionaba dicha Federación es difícil hoy de entender, y hay quien lo consideraría utópico, fuera de la realidad.
¡Qué espanto que exista esta realidad! ¡Desafortunadamente es verdad!
Insisto, y lo haré mientras pueda, por el enorme ejemplo de una realidad necesaria para que haya felicidad y libertad.
La Federación se reunía una vez al mes. Asistían el Presidente y otro acompañante de cada Asociación. Cada Asociación exponía sus problemas más urgentes y necesarios, y por unanimidad se acordaban cuáles eran las formas de solucionarlos, fuese de quienes fuesen. Y todo el Distrito, y yo, como Concejal, nos poníamos en marcha, manos a la obra: al servicio de la solución acordada.
Cuando decidí retirarme por agotamiento, convoqué a todas las Asociaciones, y a su Federación, en un acto público, que fue maravilloso–existe un video – para rendir cuentas y exponer lo que quedaba por hacer y lo que estaba en marcha. Fue un acto impresionante y maravilloso, de eterno recuerdo y de ejemplo para hoy y siempre. Y no fue un hecho utópico, sino una realidad de un pueblo comprometido: un pueblo organizado entorno a una mayoría honesta y participativa.
Lo descrito es una realidad, no una utopía. Un ejemplo a imitar. Es urgente buscar esa necesaria mayoría honesta y participativa, que con su comportamiento induzca y hasta imponga su honesto comportamiento participativo, solidario, real y necesario, para que haya felicidad y auténtica libertad.
Lo que se creía utopía, fue una realidad.
La utopía se llevó a la práctica: fue real, fue realidad.

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