viernes, 18 de marzo de 2016

Por si hay dudas me reitero en mis ideas

Por Luis C. García Correa
Una vez más, veo ofensas a lo sagrado, dichas para ofender de la manera más dañina.
La ofensa a lo sagrado es de una maldad impresionante. Si además es recalcitrante, entonces el mal puede llegar a ser de consecuencias gravísimas, si no se pide perdón, lógicamente.
Quien pide perdón es de una grandiosidad y magnanimidad que llena de felicidad.
Quien pide perdón tiene una sabiduría admirable y es digno de la mayor admiración.
¡Hay que ser muy grande para pedir perdón! Gracias a los que piden perdón y anatema a quienes no lo piden.
Que sea la vida y la historia quienes juzguen a quienes a conciencia y sin arrepentirse ofenden con la blasfemia.

Por el gravísimo problema de la falta de educación y respeto, excepcionalmente, publico estos tres artículo seguidos, y pido disculpas que espero comprenderán


“LA BLASFEMIA”
Blasfemar es decir palabras injuriosas contra Dios o contra las personas o las cosas sagradas. Es una injuria grave.
Injuriar es ofender, ultrajar con obras o palabras. Dañar o menoscabar a Padre Dios, lo que algunas personas consideran, quieren y adoran por encima de todo: eso es blasfemar.
Nadie en este mundo tiene la autoridad, ni está autorizado, para blasfemar acerca de la religión que sea.
Quien blasfema debería ser reo de reproche social.
La blasfemia debería ser condenada universalmente.
Quien cometiera blasfemia debería ser un reo universal.
Quien blasfema es un maleducado, rencoroso y envidioso. Es un enemigo social, porque la blasfemia está relacionada con otros actos indeseables en contra de las personas y de sus creencias.
En la religión que sea, Padre Dios es lo que merece el mayor respeto, la adoración y el amor de los creyentes.
Blasfemar es no respetar lo que es más sagrado para los creyentes.
La falta de respeto es el origen de la mayor parte de los problemas personales, sociales y mundiales.
Las guerras, el oprobio, la maledicencia, la ofensa, el rencor, el odio… son manifestaciones de falta de respeto.
No hay, ni puede haber, felicidad ni libertad sin respeto.
El respeto es el cimiento del bien, de la convivencia y del progreso.
Alabado y benditos sean los honestos, educados y respetuosos porque de ellos nace y crece el bien, la felicidad y se desarrolla la libertad.
¡La blasfemia es la manifestación más degradante del ser humano!

El que blasfema ofende, falta al respeto, y, probablemente, no quiere y condena a quien profesa las creencias que desprecia.

“QUIEN NO RESPETA Y OFENDE”

Quien no respeta y ofende, y no se arrepiente y no pide perdón, debería ser condenado al desprecio, repudiado y considerado un enemigo social.
Quien no respeta y ofende lo hace por el odio, el rencor, o la envidia que le recomen, y por no tener valores ni educación. No es capaz de amar con honestidad y pasión.
Quien no respeta y ofende, seguramente querrá que le respeten y que no le ofendan.
Quien no respeta y ofende atrae el mal, pero el rechazo que produce es mayor que el mal que quiere causar.
Quien no respeta y ofende educa en el mal.
Quien no respeta y ofende camina ciego al precipicio del vacío. Será recordado como un enemigo que quiso ofender sin poder.
Quien no respeta y ofende ¿qué espera conseguir? ¿a dónde quiere llegar que no sea al rechazo por su maldad? ¿Quién se cree que es?
Anatema y desprecio por ser un maléfico que no respetó, quiso ofender y no ofendió, y se condenó.
Quien trata de ofender y no respetar para dañar se perjudicará, porque el mal es un bumerán que siempre regresa al punto de partida.
Quien trata de ofender y no respetar para dañar, será dominado por el mal y dejará una estela de maldad.
“¡Quien trata de ofender y no respetar recibirá lo que da!”
“¡Quien no respeta y ofende es dueño del mal!”

“LA URBANIDAD Y LA EDUCACIÓN”

Un amigo y gran defensor de los demás tratando de ayudar, don Juan Manuel Calderín Liria, presidente de la Asociación de Vecinos AYTHAMY de Tamaraceite, Gran Canaria, España, me indicó por qué no escribía sobre la Urbanidad y la Educación. Y con mis mejores deseos y esperanza, aquí van mis reflexiones sobre una cuestión que he tratado de vivir, porque la he heredado de mis mayores, y que siempre he querido compartir para ayudar.
La Urbanidad y la Educación ¡Qué importantes y trascendentales temas de urgente necesidad, hoy y siempre!
¿Qué es Urbanidad? La urbanidad es la cortesía, el buen trato y los buenos modales.
¿Qué es Educación? La educación es dirigir, encaminar, enseñar a vivir con valores, desarrollando las facultades intelectuales y morales.

“¡NO HAY FELICIDAD NI LIBERTAD SIN URBANIDAD Y SIN EDUCACIÓN!”.

A partir de esta afirmación y en relación a la Urbanidad: ¿quién o quienes han quitado de la preparación e información en los colegios esta asignatura? Han contribuido, directa y desafortunadamente, a las situaciones extremas que hoy vivimos.
Reitero, y lo siento. Los padres somos los únicos, y a falta de ellos quienes les sustituyan, que educamos, y lo hacemos hasta el fin de nuestros días.
Quien es maleducado pienso que lo es por dos razones: por no haber sido educado por sus padres, o por haberlo sido, pero no lo ha aceptado.
Efectos directos de la falta de urbanidad y educación son, entre otros: agresividad (violencia de género), robar, insultar, miseria, no tener posibilidad de trabajar… Ser en definitiva enemigos de la sociedad.
Nadie da lo que no tiene. Todos damos lo que tenemos.
Hemos llegado a un punto sumamente preocupante: hay quien, por ejemplo, elige sin enterarse a quién vota. Cáritas está salvando vidas, hay crímenes, insultos en el tráfico, ataques a árbitros de fútbol, a profesores, a médico…, y para que más.
Todos vivimos nuestra triste realidad. Y ¿qué hacer?
Amar al prójimo como a nosotros mismos y, como consecuencia, ayudar.
Amar, amar y amar. Educación, educación y educación. Honestidad, honestidad y honestidad. Ayudar, ayudar y ayudar.

No se necesita más.




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