lunes, 30 de mayo de 2016

Siempre respetar


No hay manera de vivir en familia y en comunidad sin respeto.
El respeto no se improvisa, se hereda, se aprende y se practica porque se acepta.
Sin respeto no hay orden ni concierto.
Quien no respeta no es digno de merecer aprecio, porque falta a un precepto necesario.
No respetar es instalarse en el mal de forma continuada.
No respetar es agravar e incentivar el mal comportamiento, que conduce a la crispación del ambiente.
Quién no respeta ¿le gustaría que no le respeten? Si no lo quiere, ¿por qué no respeta?
El respeto es uno de los comportamientos de toda persona educada, que no sabe comportarse de otra manera.
Anatema a quien no respeta, porque genera el mal sin necesidad, cuando es más fácil respetar para que me respeten y haya una feliz convivencia entre personas educadas y respetuosas.
El amor a la libertad y la necesidad de la felicidad se basan en el respeto como norma general.
No hay felicidad ni libertad sin respeto, porque quien falta al respeto destruye lo que nos une para tener felicidad y libertad.
Benditos sean los honesto y educados que respetan, de ellos es el bien que se reparte. Son la garantía de que la felicidad y la libertad se hereden, porque la educación se vive como un instinto de supervivencia, como una necesidad: para que haya felicidad y libertad.
Siempre respetar para poder amar siempre.
Sin respeto no hay aprecio y menos amor. Para amar se necesita respeto.
Quien no respeta sea condenado por enemigo y por malvado.
El amor es el respeto continuado, por ser educado.
Siempre respetar para tener felicidad y libertad.

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