viernes, 3 de junio de 2016

Vivir la libertad

Por Luis C. García Correa
Vivir la libertad es un privilegio, porque significa gozar del bien primigenio, universal y eterno que distingue a la humanidad, su patrimonio exclusivo y más genuino.
Vivir la libertad es ser libre para ser y para actuar con honestidad.
La responsabilidad de la libertad se basa en la honestidad.
No hay libertad sin honestidad.
La libertad engrandece el alma, desarrolla el corazón y enaltece la existencia, dándole el honor y la responsabilidad de ser un ser humano con libertad.
Vivir la libertad nos acerca a la divinidad si tenemos la fe y la honradez de vivir en libertad con honestidad.
Vivir en libertad es respetar.
El respeto es cimiento de la libertad porque sin respeto no hay libertad.
El mayor logro humano de la responsabilidad es vivir la libertad.
Han sido necesarias muchas vidas y muchos siglos para acercarnos a vivir la libertad. 
Hay quien por poca o nula educación puede confundir la libertad con el libertinaje.
Presumir de libertad y ser un sometido es un hecho frecuente por la falta de educación y  de valores en los que se fundamenta la libertad.
Vivir la libertad debe ser la meta a alcanzar para tener felicidad, gozo y vivencia de la responsabilidad, y el valor inconmensurable de tener y repartir el amor.
Vivir la libertad es ser libre para vivir la libertad.
Sin la libertad no se puede vivir la plena felicidad, porque ésta está relacionada y condicionada al gozo inenarrable de la libertad.
Nacimos para ser libres. Si no vivimos y somos libres es porque ni sabemos lo que es la libertad ni hemos luchado por ella.
Vivir la libertad es alcanzar el mayor gozo de la existencia del ser humano libre pudiendo decidir, vivir y elegir entre el sometimiento y el vasallaje a ser libre.
Vivir la libertad es ser un ser humano lleno y ocupado en amar y ser amado.
Sin amor no hay libertad, ni respeto, ni razones para tener felicidad.
Vivir la libertad es alcanzar el cenit de la humanidad.

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