viernes, 2 de septiembre de 2016

¿Qué es ser santos? ¿Qué es la santidad?

Por Luis C. García Correa
La meta ineludible y tremendamente apetecible de todo ser humano debe ser caminar hacia la santidad.
La santidad es vivir las virtudes en grado superlativo. Es algo alcanzable, algo por lo que vale la pena vivir y morir.
Vaciar la vida por no darle contenido ni valor al sacrificio voluntario de ayudar a los demás, es ir en el camino contrario a la santidad.
La educación en valores, la aceptación de los mismos y el deseo y el esfuerzo de vivirlos lo más intensamente posible: eso es santidad.
La vida es muy corta para desperdiciarla y perder el tiempo con egoísmos, individualismos, pasotismo y todos los ismos habidos y por haber.
El amor engrandece el alma, llena el corazón e inunda la vida de felicidad, que es la antesala de la santidad.
Ser santo es muy grande y tiene un valor incalculable. Todos tenemos acceso a la santidad, con independencia de creencias y religiones.
El santo reparte santidad y la santidad es felicidad, que, si se comparte, aumenta y fortalece la libertad.
La libertad es cimiento de la felicidad y de la santidad.
La honestidad es un valor que concentra necesidades y sin ella, sin la honestidad, no hay manera de ver, ni de lejos, la santidad.
La vida sana y alegre, el hábitat natural, el Planeta, la humanidad, la felicidad, la libertad, el amor, la belleza… son necesidades imperiosas para la vida natural, y con ellas poder ir hacia la santidad.
No hay santo ni santidad sin la vida natural.
La santidad es vivir la naturalidad con santidad.
Ser santo y la santidad es una necesidad para poder vivir con plena felicidad en plena libertad.
Ser santo y la santidad son las metas a alcanzar.
Ser santo y la santidad es vivir para ayudar.
Ser santo y la santidad nos llevan a la eternidad.
“¡Tenemos que tratar de ser santos para vivir la verdad!”
“¡La santidad, el ser santo, no es cuestión de credos, sino de hechos!”

3 comentarios:

Antonio Dominguez Herrera dijo...

“¡vivir la santidad, no es cuestión de credos sino de hechos!”. Me pliego en redondo a ese pensamiento del señor Correa. Lo asumo totalmente congratulado, como un verdadero hallazgo para mí. Como no creyente transfiero esa santidad a la hombría de bien, que creo, el señor Luis Cristóbal posee sobradamente. Un hombre no puede ser totalmente bueno si se emperra en dar un bocadillo a alcohólico en las últimas y no le da el par de copas para que salga del momento de ansiedad terrible; ahí entra en juego la santidad: hombría de bien; que son mínimo ejemplo de los hechos a que se refiere Don Luis. ¡De los hechos de hombres de bien, se aprovechan los credos, para subirles hechos tiza a los altares y ponerlos a la venta, al ejemplo, al fervor y hasta al terror de sus espantosas muertes.
Con esa máxima aforística ha acudido mi tranquilidad atea, motivando este comentario. Me satisface mucho tener resquicio por dónde meterme sólo a la finalidad de agasajarle. Sin las hipocresías propias del ancho sendero.
Continúa en el siguiente comentario...

Antonio Dominguez Herrera dijo...

“¡vivir la santidad, no es cuestión de credos sino de hechos!”. Me pliego en redondo a ese pensamiento del señor Correa. Lo asumo totalmente congratulado, como un verdadero hallazgo para mí. Como no creyente transfiero esa santidad a la hombría de bien, que creo, el señor Luis Cristóbal posee sobradamente. Un hombre no puede ser totalmente bueno si se emperra en dar un bocadillo a alcohólico en las últimas y no le da el par de copas para que salga del momento de ansiedad terrible; ahí entra en juego la santidad: hombría de bien; que son mínimo ejemplo de los hechos a que se refiere Don Luis. ¡De los hechos de hombres de bien, se aprovechan los credos, para subirles hechos tiza a los altares y ponerlos a la venta, al ejemplo, al fervor y hasta al terror de sus espantosas muertes.

Antonio Dominguez Herrera dijo...

Continuación del comentario anterior.

Sabe usted que mi espíritu es forajido y, lamentablemente se entiende mejor en las contiendas, que, en los comunicados veraces y cordiales de su demostrada humanidad. Disculpe el lirismo dieciochesco. No puedo (porque no he aprendido: he estado siempre a 30 rezongos diarios) entregarme a mis afectos al uso sencillo y llano.
En fin señor Correa no quiero alejarle de mi con respetos-, quiero acercarle con afectos-
Los respetos a ultranza, son un muro de hormigón armado en acero, apartadores y ponedores de distancias; no así de afectos; se lo digo, porque sé que es usted de los pocos que entiende estas cosas. Consecuentemente, saludos afectuosos del vecino y admirador suyo: Antonio Domínguez Herrera.