martes, 14 de marzo de 2017

Memoria histórica: El buen estado de los huesos de Tenoya facilitará las identificaciones de ADN


LPDLP. Los huesos de dos varones adultos encontrados en el pozo de Tenoya, uno de los lugares señalados en la historia de la represión en Gran Canaria durante de la Guerra Civil, presentan tan buena conservación, que los arqueólogos confían en que podrán obtener identificaciones de ADN.

Los historiadores que trabajan en la excavación de ese antiguo pozo de aprovechamiento acuífero de Arucas no saben con certeza cuántas personas pueden estar sepultadas en él, ni mucho menos de quiénes, pero sí manejan varios testimonios orales que lo señalan como lugar habitual en las ejecuciones/asesinatos que llevaron a cabo los partidarios del golpe militar contra la II República.

El arqueólogo del Servicio de Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria, Javier Velasco, ha explicado que los relatos que se han recopilado indican que ese lugar fue testigo de ejecuciones muy similares a las que se han documentado en el pozo del Llano de Las Brujas, también en Arucas, de donde se recuperaron 24 cuerpos.


Las personas que reposaron allí hasta hace nueve años fueron ejecutadas de un tiro en la cabeza y luego arrojadas al vacío.

Los testimonios históricos indican que el pozo de Tenoya se utilizó para hacer desaparecer por el mismo procedimiento a un número de personas aún no determinado, pero que podría ser mayor al del Llano de Las Brujas, según coinciden varias fuentes orales.

El arqueólogo del Cabildo de Gran Canaria asegura que el equipo que ha descubierto los primeros restos humanos que se encuentran en el pozo de Tenoya tiene la impresión de que no se trata de un asesinato puntual de dos personas cuyo rastro se quiso borrar a 34 metros de profundidad, sino que detrás de esos huesos hay más.

Velasco subraya que los huesos recuperados (fémures, tibias, vértebras y clavículas) se presentan muy buen estado, por lo que será fácil tomar medidas oseométricas y trazas de ADN para intentar identificarlos, tanto a través del sexo y la talla de los fallecidos, como con comparaciones genéticas con descendientes de desaparecidos en la Guerra Civil que se sospecha que reposan allí.

Los restos óseos se han encontrado en dos galerías laterales situadas a casi 34 metros de profundidad, una cota a la que ha costado mucho tiempo y trabajo llegar, porque el pozo estaba casi colmatado con residuos arrojados durante años y por la tierra arrastrada durante décadas por las lluvias.

De hecho, cuando empezaron los trabajos, desde la superficie ya solo quedaban cuatro metros de pozo, por lo que ha sido necesario excavar cerca de 30 metros hasta llegar hasta los huesos.

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