Comparación a pesar de ser odiosa

Por Antonio Domínguez
Comparación a pesar de ser odiosa, como todas las comparaciones. Saramago, (no hablamos del hombre D. E. P. hablamos del genio y utilizamos su nombre solo para identificarlo) disfrazó su “cobardía” diciendo que a la lengua le faltan tantos términos, o más, que los que posee, para podernos hacer entender: eso ahora que hay “libertad” para decirlo casi todo. Revolucionario pero con miedo, no al castigo, sino a la incomprensión de un mundo que no es que diste mucho de estar formado: es que no está formado para leer, entender o escuchar cosas inauditas. De ello ya se quejaba Nietzsche -el más grande educador- hace más de cien años: el avance en estos terreros ha sido minúsculo. Nietzsche en el siglo XIX cuando aun no estaban (o estaban menos) olvidados los remedos muy remedables devenidos de las santísimas hogueras, tubo objetos (tomates) para decir de asuntos comprometidos de mil veces más arrojo; jugándose el pescuezo en cada párrafo. Y eso que dijo en uno de sus aforismos: “Hasta el más valiente de nosotros solo tiene rara vez la valentía para lo que realmente sabe”. De lo que se deduce que si este hombre viviera ahora con barra libre para decir “cuanto le dé la gana” ¿en qué lugar dejaría al libertario Saramago? Tiene sin embargo Saramago la honra y el honor de haber sido recusado y declarado desafecto por la iglesia y ya solo ello es una gran señal de una tremenda valía personal y de su obra.

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