martes, 27 de agosto de 2013

Amor es relación

Por: Luis C García Correa
Amar y ser amado es lo único que importa. Quien no ama y no es amado acaba por enfermar, queda maltrecho y trastornado, individual y socialmente.
La presencia del Amor, por mínima que sea, es fuente de regeneración. Anuncia que la más profunda aspiración de la humanidad está en camino. Que el ser que quiere o es querido, mucho o poco, camina hacia la santidad.
Cuando nuestro amor está bajo mínimos, cuando apenas lo sentimos o expresamos, comenzamos a buscar disculpas, a justificarnos. Sentimos su ausencia: un silencio, vacío y hueco, que ensordece el alma.
Todos y cada uno de nosotros, todos y cada uno de nuestros momentos son sumamente importantes. Somos, y son, una especie de gota de agua, que hace y forma parte de un río.
No hay río sin gotas de agua. A mayor número de gotas, el caudal es mayor. Lo mismo ocurre con el río del amor: cuanta más gotas, más crece nuestro amor y nuestra aportación bienestar personal y social es mayor y mejor.
En cada instante de nuestra vida, podemos aumentar o disminuir la corriente y necesaria de la vida humana endulzándola o agriándola. Lo conseguiremos si amamos o dejamos de amar. También si nos dejamos o no amar.
El río de nuestra vida son las gotas de amor que cada segundo vamos creando, viviendo y repartiendo. Si hemos amado mucho, nuestro río será ancho y caudaloso (la longitud no está en nuestras manos). Ese río habrá regado una zona mayor o menor, de acuerdo al amor que hayamos repartido.
En las relaciones interpersonales no hay espacios incoloros, inodoros, ni insípidos. Cuando no construimos, destruimos. Cuando no recogemos, desparramamos.
Si hemos amado mucho habremos regado mucho. Muchos se habrán beneficiado, porque con el amor se llega a la felicidad terrenal, y seguro a la eterna.
Hay quien opina que es en el momento de la muerte cuando se alcanza el amor puro, porque se verá a Dios. Y DIOS ES AMOR.
Tenemos que conseguir la plena confianza personal y social, que es el momento de la entrega total a Dios y a los hombres. El amor para la eternidad aporta un beneficio al momento actual. Y esto es muy necesario porque el pasotismo y el individualismo materialista han desterrado el amor de nuestro presente histórico.
En el momento de su muerte, Jesucristo dijo “PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRTIU”.
Jesucristo Dios se siente querido, amado por el Padre y sabe que su Padre Dios recibirá su Espíritu con todo amor.
En esta vida tenemos que intentar acrecentar el amor que recibimos y que repartimos. De esta manera, ell río al que pertenecemos regará una zona amplia de nuestra vida y de la de los que nos rodean, y de aún más allá..
No hay felicidad sin amor. Y no hay amor sin felicidad.
Si repartimos amor y recibimos amor, alcanzaremos la felicidad.
La felicidad es amor. Y el amor es felicidad. Y lo habremos conseguido cuando nos hayamos relacionado.
A mayor relación mayor amor. Y a mayor amor mayor relación.
Esto es lo que nos conduce a la felicidad plena: la honesta participación, el poder de la libertad de amar y ser amado, y el amor al prójimo como a nosotros mismos.

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