viernes, 25 de octubre de 2013

Insistir en la Justicia


Por: Luis C. García Correa
Justo es quien da cada uno lo suyo.
La virtud de la justicia se fundamenta en la dignidad de la persona.
Los cristianos deberíamos ser ciudadanos ejemplares. Cuesta, pero no es imposible. Eso es lo que personalmente creo.
A diario se nos presentan ocasiones para ser justos: cuidar nuestros juicios (también los internos) sobre los demás; pagar los salarios; ser honestos en nuestro trabajo;  participar en el bien de los demás…
Tratar a los demás con esmero, tanto de pensamiento, como de palabra y de obra.
No basta con no causar daño. Hay que tratar de ser bueno.
Nos debemos plantear cómo vivo la justicia en familia, en el trabajo, en la sociedad…
La vida y la moral cristiana nos exigen justicia.
Ser personas laboriosas, respetar la vida, la verdad, la honestidad y la generosidad son algunas justicias que deben inspirar nuestro comportamiento. Tratar de estar bien informado. No ser inquisidores, ofreciendo solo juicios negativos.
Es fácil faltar a la justicia con la palabra, por ello hay que tratar de ser lo más prudente posible. Y rezar mucho. Rezar mucho.
Los que comunicamos tenemos una enorme responsabilidad.
¡Por favor, recen por nosotros! Recen mucho. Gracias.
Debemos tratar de vivir los deberes de la justicia, en especial con los más cercanos.
A los cristianos se nos impone ser justos ante Padre Dios, y por ello cumplir más allá de lo meramente establecido por las leyes.
La economía debería estar sujeta a los principios superiores de la justicia social, teniendo en cuenta la dignidad de la persona humana.
Todos deberíamos estar sujetos a esos principios.
Debemos tratar, delante de Dios y de los hombres, vivir los deberes para nuestro prójimo: la justicia, la misericordia y la fidelidad.
Tener rectitud de conciencia, contribuyendo a una sociedad justa y digna, en la que sea posible ser lo que somos, hijos de Padre Dios y hermanos entre nosotros.
Me lo planteo a diario.
La honesta participación es la solución.
Si la vivimos plenamente, la felicidad y la libertad también serán plenas.
¿A qué esperamos?

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