domingo, 30 de marzo de 2014

Ser un viva la vida

Por Pedro Domínguez Herrera
Hay muchos motivos para sentir una tristeza desgarradora, por el acontecer de la vida social y por la actitud de los verdaderos implicados en el desarrollo de la vida publica; en definitiva, de nuestros lideres. Lideres religiosos, políticos, culturales y hasta esos lideres de nuestra calle, de las asociaciones de vecinos… Todos, la mayoría de ellos están manchados por los pecados al uso, las comisiones, las extorsiones, el engaño, el abuso de poder, llegando a actuar sin remordimientos en la fantasía interesada que les hacen creer los lideres de arriba en el escalafón, que todo vale, que al pueblo no se le puede decir la verdad, que todo lo que se hace es por el progreso y para que todo funcione.
 Un anciano, que había desarrollado su sabiduría popular en Cuba, me decía: ¡Vale más un amigo que cien pesos!. Los amigos en estos tiempos hay que tenerlos de toda condición y en distintas capas sociales y me atrevería a decir incluso en las delictivas. Al que se escandalice, advertirle que amigos hay muchos, pero en los que se profese la amistad, que es aceptación y otros valores inherentes, hay muy pocos a los que se les perdonen sus fallos o desaciertos para con nosotros.
Las religiones se han ido adaptando a los momentos. Es triste, ahora que parece que hay un Papa que tiene los pies en el suelo, que se maravillen algunos  cuando es imprescindible que para representar a Jesús, se requieren ciertas virtudes.  Pocos santos curas están en disposición de ser representantes, sin el boato del vaticano, de ese Dios Hijo del que tanto se predica o se absuelve en su nombre.
Hay varias formas de llegar al Cielo, los ricos con ir a misa y rascarse la cartera; los pobres perdonando y aguantando con resignación. Las demás religiones ofrecen algo parecido… muy bueno tiene que ser Dios para permitir que se digan y se hagan ciertas cosas en su nombre…
En la cultura ocurre algo parecido. Se ocultan las verdades mientras que creencias que hacen daño nadie las denuncia. La cultura popular está saturada de brujerías, mal de ojo, esteleros, remedios, supercherías…
Por lo que siempre hay motivos para estar triste, a no ser que seas un viva la vida, una envidiable actitud, cuando parece que nada se puede hacer para corregir o enmendar a este triste Mundo.

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