martes, 1 de abril de 2014

La mortificación

Por Luis C. García Correa
No existe vida normal sin alguna mortificación, sin alguna penitencia, debiendo ser el medio para mejorar tanto espiritual como materialmente.
Las cosas de valor solo se consiguen con esfuerzo.
Trato la mortificación ya que los católicos estamos en Cuaresma, y porque para los no creyentes es una de las virtudes que más elevan los sentimientos humanos, y nos redime. El deber cumplido.
La mortificación la debemos vivir de forma normal, en el quehacer diario. No necesitamos ocasiones especiales.
Mortificación es cumplir con la palabra dada, con el horario, hacer el trabajo correctamente, es ser un ciudadano honesto.
Mortificación es saber compaginar todas las obligaciones materiales y éticas o espirituales.
La caridad es una manifestación de la mortificación.
La mortificación es soportar las contrariedades pequeñas y grandes con buen humor y con caridad.
Mortificación es la gran obligación de educar a nuestros hijos, al corregirlos cuando sea necesario, al darles con amor unos valores éticos o religiosos, que sean fundamento para la praxis  honesta de sus vidas.
Mortificación es comportarse honestamente con aquellos que tienen autoridad, y ellos con los demás.
El espíritu de mortificación nos lleva a vivir ordenadamente. Nos ayuda a prefijar nuestros proyectos, cuando nos corrige aquellos comportamientos de maestrillo; y cuando nos da el toque de integridad.
Mortificación es ayudar incluso al que no nos lo va a agradecer.
Mortificación es servir tanto con miras materiales como espirituales, con visión sobrenatural, y que los no creyentes sientan el orgullo y satisfacción del deber cumplido con el familiar,  el amigo,  el vecino, etc.
Nuestras vidas - seamos profesionales o no -  suponen un servicio a los demás, lo que requiere una mortificación, que se eleva a grado de santidad cuando se hace olvidándose de uno mismo y sin pedir nada a cambio.
Hoy, quizá como nunca, necesitamos, al menos, una mayoría de personas que hagan de la honesta mortificación una norma de vida, olvidándose de sí mismo para servir a los demás.


Mortificación es santidad, sea creyente o no. Solo se necesita estar vivo y ser honesto.

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