martes, 24 de junio de 2014

La Mujer

Por Luis C. García Correa
La Virgen María fue la Madre de Nuestro Señor Jesucristo, Dios hecho hombre. La Virgen es, ha sido y será la persona más grande e importante de la humanidad. La Virgen es una mujer.
La mujer está dotada de unas características físicas, emocionales y psíquicas excepcionales. La mujer es más resistente al dolor que el hombre. Es más reflexiva. Es más firme ante las tentaciones y ante las contradicciones.
La virginidad es un don grandioso, en especial en estos días. Hay quien no valora la virginidad. Hay quien desprecia la virginidad. En estos tiempos, es posible que alguna mujer virgen se considere anticuada. ¡No es verdad! Algo similar pasa con la protección de la vida: los detractores del aborto y de la eutanasia son menospreciados.
Los valores morales, éticos y religiosos han sido, son y serán eternos. La mujer es una garante de esos valores.
La igualdad entre la mujer y el hombre está en tener los mismos deberes y derechos, las mismas responsabilidades y las mismas satisfacciones.
Es difícil hablar de igualdad sin tener en cuenta el género. El hombre suele tener más fuerza física que una mujer. Pretender que todas las mujeres tengan las mismas fuerzas que los hombres, para considerarlas iguales a los hombres, es un disparate.
No creo que exista algo - relacionado con el género - que la mujer no sea capaz de hacer y de ser merecedora.
Cuando exista la verdadera igualdad, y se viva entre mujeres y hombres, el mundo cambiará y mejorará de manera inimaginable.
Sin embargo, hay mujeres que confunden la igualdad con el igualitarismo. Y son conceptos distintos.
Amo, apasionadamente, a la mujer. Su atracción física, intelectual y moral me impresionan y me llenan de ilusión y alegría. La mujer refuerza mis deseos de honestidad, de honradez y de amor.
Mis recuerdos felices, como viudo, son imborrables y eternos. También lo son mis arrepentimientos.
Aprovechen el tiempo los que se aman, no lo desperdicien. El tiempo no vuelve y se pierde para siempre.
Con mi profundo agradecimiento - le debo mi vida a mi madre – y con mi reconocimiento a la mujer, sueño poder sentir la cercanía de una mujer amada. Aunque le rogaría perdonase mis errores y defectos, que son muchos.
Padre Dios bendiga la belleza, las virtudes y los valores de las mujeres. Sigan siendo el fundamento de la felicidad, y con ellas podamos compartir la responsabilidad, el honor y la alegría de la libertad. Y todo ello con amor.
No existiría el mundo y la vida sin la mujer. Sin ella, no existiría la felicidad.

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