sábado, 14 de junio de 2014

Pentecontés

Por Luis C. García Correa
Pentecostés ha sido y sigue siendo una de las fiestas grandes de la humanidad.
Recordamos y festejamos la Venida del Espíritu Santo sobre el colegio apostólico, y sobre todos nosotros.
¡Le debo tanto al Espíritu Santo, que sin Él ahora no estaría escribiendo -ni antes habría escrito nada- cosas y hechos que me llenan el alma, y que deseo transmitir para el bien de todos!
Pentecostés se remonta a la antiquísima fiesta en la que se daba gracias a Padre Dios por los frutos de la cosecha. Posteriormente se festejaba el recuerdo  de la promulgación de la Ley que Padre Dios nos dio en monte Sinaí.
En la actualidad festejamos la Nueva Alianza. La llegada del Espíritu Santo Dios con todos sus frutos, dones y alegrías.
Jesucristo Dios nos dejó dicho: El Paráclito, el Espíritu Santo… os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho.
Necesitamos al Espíritu Santo para comprender las verdades que nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo.
La venida del Espíritu Santo nos santifica con todas las oraciones e inspiraciones. Encamina nuestras vidas.
La llegada del Espíritu Santo nos ilumina para anunciar y recordar la Muerte y la Resurrección de Jesucristo, Hijo de Dios.
Nuestra santidad y nuestra eficacia en la vida dependen de la correspondencia los dones e inspiraciones del Espíritu Santo.
¡Ayúdanos Espíritu Santo. Llenas los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor! ¡Y renovarás la faz de la tierra!
Terminamos con el himno que se canta en la Santa Misa del día de Pentecostés (el domingo pasado): Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz. Ven, padre de los pobres; ven, dador de las gracias; ven, lumbre de los corazones. Consolador óptimo, dulce huésped del alma, dulce refrigerio. Descanso en el trabajo, en el ardor tranquilidad, consuelo en el llanto. ¡Oh luz santísima!, llena lo más intimo de los corazones de tus fieles (…). Concede a tus fieles que en Ti confían, tus siete sagrados dones. Dales el mérito de la virtud, dales el puerto de la salvación, dales el eterno gozo.
¡Ven Espíritu Santo. Revélanos las verdades y que las cumplamos. ¡Haznos santos!

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