sábado, 6 de septiembre de 2014

Carta al Viento: Escuela de Radio Maymó y la felicidad

Por Jesús Vega Mesa

Lo comenté hace unos días en este mismo blog. Lo dije así, de pasada, a propósito de otro tema. Cuando yo tenía 12 ó 13 años disfrutaba escribiendo cartas y, sobre todo, recibiendo respuestas. Y por ejemplo mandaba cartas solicitando información de cursos por correspondencia: Inglés por correspondencia, guitarra por correspondencia, enfermero por correspondencia... No es que yo tuviera interés por hacer esos cursos. Lo único que me importaba era recibir la respuesta: disfrutar cuando llegaba el cartero a mi casa, en la calle Arcediano López Cabeza número 6, con un sobre grande lleno de papeles y a veces un pequeño regalo. La Escuela Radio Maymó, situada en Barcelona, era una de esas Academias para estudiar por correspondencia. A ella hacía alusión en mi anterior escrito porque varias veces respondió a mi solicitud. Varias veces me dio un momento de alegría. Estoy hablando, claro, de hace más de cincuenta años. 
Y este no es un tema baladí, aunque lo parezca. Esos pequeños detalles que producen alegría, quedan grabados para siempre. También quedan guardados muy adentro los momentos en los que uno puede sentirse despreciado o ignorado. Muchas personas creyentes mantienen el amor a la Iglesia porque encontraron gestos de acogida y amabilidad del sacerdote o el catequista o la persona encargada del templo. Y también lo contrario. Algunos guardan rencor porque alguno de nosotros tuvo una palabra desafortunada, una falta de delicadeza o no supo escuchar adecuadamente a quien se acercó buscando comprensión.
¡Cuánto vale n los pequeños gestos para hacer feliz a los demás!
Después de aquella referencia en nuestra página web a la Escuela Radio Maymó , hoy me llega un correo…del hijo del fundador de la Escuela. Leyó la carta del blog me escribió y yo me llevé una sorpresa y una alegría más que comparto con ustedes. Esta es la carta recibida: 
Hola, me alegro de que Radio Maymó sirva para que otras personas recuerden tiempos pasados, que normalmente, fueron mejores. Teníamos menos, pero éramos más felices y estábamos más unidos. A mí también me encantaba recibir cartas, tenía como una magia especial, ya de muy pequeño también escribía a todos los anuncios que encontraba en los periódicos y en los tebeos, con lo cual recibía correspondencia y alguna bronca de mis padres por ponerlos en algún compromiso. En nuestros días está el correo electrónico que también motiva bastante pero que es más frio a pesar de ser mucho más rápido. En la revista infantil Pulgarcito, había una sección de correspondencia y con ello conseguí cartearme con muchas chicas. A la mayoría no llegué a conocerlas nunca, pero fue una época muy bonita. Recuerdo de una que era de Canarias casualmente, nos intercambiábamos lo poco que teníamos y que se pudiera meter en un sobre, éramos felices con casi nada. Cuando hice la mili, también más de lo mismo, a mi novia le escribía una carta diaria llena de dibujos (se me daba bastante bien) y también esperaba la llegada de la correspondencia. Era todo un espectáculo, el que repartía las cartas se lo pasaba bomba, parecíamos críos esperando un juguete y cuando no nos llegaba nada, era como un jarro de agua fría ver que a los demás les llegaba y a ti no. Pero después ya esperábamos al día siguiente a ver si teníamos suerte. Con el curso de Maymó, otra que tal, cada mes esperando el paquete con las lecciones y el material, tenía un encanto muy especial que recuerdo con mucho cariño. El Sr. Fernando Maymó, era un gran maestro que supo instruir a una legión de aficionados a la radio, como yo, y que muchos de ellos pudieron triunfar en la vida con lo que más les gustaba, no fue mi caso ya que tuve que dedicarme a la electricidad y fontanería para ayudar a mi padre que trabajaba por su cuenta, y que tuve que tenerlo como un segundo oficio o un hobby con el cual todavía me lo paso muy bien. Total, que para mí los carteros eran como los ángeles, tenían un encanto especial. En fin que no me enrollo más, reciba un cordial saludo.Jaume.

La alegría de escribir cartas. La alegría de recibirlas. La alegría de hacer felices a los demás. La alegría de una Iglesia que intenta servir a las personas en cualquier lugar. La alegría de los pequeños detalles La alegría de descubrir la mano de Dios en todos esos gestos que nos hacen felices. Por eso, como dice el salmo 137 que hoy rezamos, “Señor, tu misericordia es eterna. No abandones la obra de tus manos”. Que la Iglesia y la sociedad brinde muchos momentos de alegría. ¡Cuánto bien se puede hacer con los pequeños detalles que producen felicidad!

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