viernes, 14 de noviembre de 2014

La impertinencia, la impaciencia y la educación

Por Luis C. García Correa Medina
Impertinencia es la falta de objetividad y paciencia con respecto al comportamiento ajeno.
Los viejos nos volvemos impaciente, y alguno impertinente. Y la manera de controlar la impaciencia y la impertinencia es la educación.
¡Qué enorme responsabilidad tenemos los padres en la educación de nuestros hijos! Los efectos, las consecuencias y las vivencias de la educación son de por vida.
La educación ni se improvisa ni se aprende fuera de casa.
La educación se tiene o no se tiene. Salvo el que la ha recibido y no la acepta.
Ser impaciente y no tolerante denota, de forma fehaciente, que es de una persona malcriada.
La malcriadez o malcriado son  palabras onomatopéyica. Malcriadez y malcriado vienen de mal criado, mal educado.
Aunque hay que perdonar al malcriado de buena voluntad y sin impertinencia, si hay que hacerle ver el mal que hace y produce en la vida personal, familiar, empresarial y social.
El malcriado es un enemigo constante y permanente en la vida personal, familiar, empresarial y social.
Tenemos que contener la impaciencia - es lo que estoy haciendo constantemente - en especial si salgo de mi casa, y no digamos conduciendo.
País malcriado, país mal educado, es un país subdesarrollado,  es un país invivible y sin felicidad y menos libertad.
La educación es el cimiento del progreso personal, social  y económico.
País sin educación – con mayoría de malcriados – es país sin libertad y sin felicidad.
No hay posibilidad de una convivencia normal, si no hay educación.
Un pueblo educado no tiene la impertinencia, si tiene las necesarias vivencias,  circunstancias y experiencia para poder ser feliz y libre.
La impertinencia y la impaciencia incontroladas son efectos y actos de un pueblo subdesarrollado y malcriado.
¡Líbrame, Padre Dios, de vivir en un pueblo malcriado!
Me educaron para controlar la impertinencia y la impaciencia, y para cooperar al bien de los demás y sin pedir nada a cambio. Y el resultado ha sido maravilloso. He recibido y me han pagado con creces. Y vivo con ilusión, feliz y trato de ser verdaderamente libre, aunque  aún no lo he conseguido.
He recibido más de lo que he dado.
Los pueblos grandes, educados y solidarios, le reconocen y les dan a sus ciudadanos el pago con  liberalidad y grandeza. Y controlan la impertinencia y la impaciencia.

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