martes, 11 de noviembre de 2014

Pistas y Ensayos a tientas

Por Antonio Domínguez
PISTAS Y ENSAYOS A TIENTAS INTENTANDO BUSCAR CAMINO PARA RENDIR HOMENAJE DESDE ATRIL A, ANTONIO RODRÍGUEZ TRUJILLO; PERSONA SIN PARANGÓN; POR CONSIGUIENTE, SIN COMPARACIÓN POSIBLE DE SU TALANTE CON NADIE CONOCIDO EN EL PUEBLO.
Singulares  elegidos y seleccionados por ti han sido tus pasos en la vida Antonio. Si plural y celeste fue la historia del corazón de Rubén Darío ¿porqué no puede ser de un bello color la historia del tuyo propio?  Yo te quito el apelativo de personaje popular y te doy un muy real llamamiento, como a persona muy especial.
Las soterradas tomatinas en que se constituyen todas las sociedades hasta en el pueblo más chico; untados de tomate todos de arriba abajo, señalan a personas superiores como personajes populares (como si de tomate azul y distinto, untado, estuvieran). Antonio Rodríguez, presuponiéndote aquí presente, te saludo respetuosamente; poniendo exquisito cuidado porque entiendas mi parabién en la justa seriedad recia y estricta.
Entré y salí en tu casa casi a diario en pos de tu hermano Manolín q.e.p.d. elegido artista y gran tallista de la madera, la cual vaciaba y quedaba un revólver que tras lijado y pintado parecía cabalmente auténtico (esto lo hacía cuando era un niño de nueve o diez años).
Acuérdome de tu madre q.e.p.d. La que necesitaría tres libros para de ella sola hablar. No dan para nada tres líneas. El pueblo hoy  te homenajea a ti, su hijo; pero yo hijo del pueblo, por extensión le rindo homenaje a la mujer más humanitaria, de más grandeza, tanto física como en todos los demás sentidos culturales. No aguantaba mínimo abuso. Volaban los cacharros en el pilar si se le quitaba la vez a un niño. Si venía el guardia, guardaba distancias, porque sabía que si Carmen Trujillo le mandaba una piña lo dejaba durmiendo; como a alguien en el verano, con barriga llena de leche, tendido debajo de una higuera.
Recordar a la madre del homenajeado; por ser quien fue Carmita, es de justicia.
Antonio, único, vamos ya a el aquí y ahora. Cuando se le hacen fiestas y homenajes sociales a quien sea, es porque los otros, todos, le tienen miedos inconfesables y sienten dependencias psicológicas del homenajeado ¡siempre que se le festeje como personaje popular!, en mas ningunos otros homenajes ello se da. Tú tienes razón de preguntarte ¿pero que he inventado yo?, te tranquilizo diciéndote: que yo me acuerde, aquí en Tamaraceite, nadie ha inventado nada. Tienes razón de asombrarte de “antinaturales agasajos”, que, de naturales y gran raciocinio tienen, pero que mucho. Y si te preguntas: ¿Qué he hecho yo? Te digo: muchísimas cosas que no ha hecho nadie jamás en todo Tamaraceite; por eso te llaman “personaje popular”. Tratar de quitarse bajo la ducha ese tomate a perpetuidad de la especie de tomatina que cada pueblo tiene y mandarle la popularidad a uno solo no es correcto; es un disparate tratar de diferenciar con ese epíteto a un ser superior solo porque no tiene perras o títulos. Por eso me referiré en adelante a nuestro convecino como a hombre destacado e irrepetible; lo que mantendré al respecto donde sea, ante quien sea.
Me da vergüenza lanzarle encima mis desvergüenzas de impopularidad “de total desconocido en la comunidad por una vida de topo, disimulando, ocultando vicios menores, zafándome en huida para que nadie sepa cuan poco sé; y así todos  a un solo vecino tirándole arriba además la consideración eufemística de “personaje popular”. Conmigo no cuenten, Antonio  padrino mío no es. Es un caballero montañetero, es un señor cual su pensamiento, anda elevado a dimensión que eligió su destino, y, ni intenten ustedes darse explicaciones mirando lo que tienen delante. Él entiende todo lo que ustedes sean capaces de expresar, pero ustedes (nosotros), no entenderán lo más mínimo que diga, si pone en marcha, a tope, los hidráulicos de “su máquina de pensar” (le llamo máquina al más allá desconocido y raro entendimiento, de no licenciados; que sin embargo, excitan la atención a ser seguidos y escuchados con atención a ver lo que hacen o dicen. Para eso hay que ser importante. Nadie es importante (no hablamos de dinero ni de porquerías por el estilo) si no se lo curra, ¡claro!, para ello se ha de tener algo bajo el cabello; yo le intuyo mucho de ese algo a nuestro compilador; desconocido para mí aun habiéndole convivido toda la vida. Lo peor que tiene una portentosa masa neuronal es que no existe un lenguaje para exteriorizar su en sí misma. A la interpretación a esos titubeos hechos por el hombre superior al menor balbuceo- que como decimos no existe un lenguaje, dándose cuenta el tolete le determina en el encasillado irrespetuoso de lo que es superior ¡claro!. Que se puede esperar de un país de abortistas, carnavalearos y peloteros. Lo del aborto. Yo soy ateo porque Dios de existir es un tipo cojonudo que no permite se haga daño a nadie; y el diablo lo considero una payasada. Dicho esto lo único que no soporto es que maten una criatura antes de nacer (no considerándolo pecado –para mi no hay nada que lo sea- lo considero el delito más escalofriante, horrible y terrible, de todos los que puedan cometer los humanos). No se arreglará sino es muerte por muerte de los cuatro en un paredón; el médico, la enfermera, y los padres. Lo digo creído cargado de razón. No puedo imaginarme la barbarie de esa carnicería. Si han de matar a la criatura cuando la vayan a tener  no echen el polvo cabrones. Háganse un meneo a mano matona. ¡Todos los que te apetezcan, que eso es pecado es mentira! El único delito, que no pecado, es sacar a cachos una criatura del seno de la madre. Yo no me puedo explicar como hay humanos con cojones suficientes como para sacar a un niñito desmigajado ¡¡que criminalidad y sangre fría hay que tener para poder mirar a esa criaturita desarmada total!! Hay que tener unos mameyes como aguacates de Mogán. Perdón por desliz comadrón.
La decisión de llevar las cosas al límite, sin entrar en el delito, es una transformación que hacen los hombres muy inteligentes en su concepción general de la existencia. Lo que llamamos “personajes populares” comprenden la existencia desde otra perspectiva; y su anhelo,  es que todos los que le rodean pongan las cosas acordes a esa perspectiva, la cual, llevan elaborando toda su vida y a la que tanto trabajo le han dedicado (mientras los demás perdían el tiempo estudiando una enfermadora y discapacitante   licenciatura). Que se cumpla el contrato social es lo que pide; que no se traicionen los convenios políticos es lo que quiere;  mortificación, es lo que espera de todo credo religioso (lejos de las surtidas mesas y al raso de las incertidumbres de una paga hedionda, pero, hedionda de verdad, que a veces es ninguna; se sabe que son clase A académica, pero con radicales juramentos imposibles de cumplir porque les mandaría a la clase “i griega” y zeta) sentado, porque sabe que de pie se cansará. El orden es su sino, el rigor, su meta.
Antonio (hombre muy inteligente), no está dispuesto a cambiar de la noche a la mañana, y no es porque no pueda, es, porque no quiere desnaturalizarse propiamente en el cenit de su vida. Sigue usando su lenguaje como elegante medio de comunicación, y, acaso de persuasión; le resultó a Rodríguez, una tarea fácil, agradable y amena; tanto para él como para los que le escuchamos (hay quienes ignorantes y ufanos no le escuchan ¡de todo hay!); hilvana cuantos estilos sin dificultad y con gran naturalidad.
Los hombres agudos no se tiran de un coche en marcha a toda velocidad ¡nunca!, eso sí, con ese chofer no se subirán jamás. Ese es el hombre sabio y tranquilo, que se le fusila y se le aparta con el eufemismo, para mí, más despreciable: “personaje popular”. Los impopulares no tienen problema porque no se ajuntan con nadie. Hay que diferenciar al sujeto del objeto porque si no parecería que estamos hablando de política. El objeto puede ser llamado popular, puede ser un equipo, un partido, políticas, reuniones, fiestas, etc. etc. Para el sujeto hay en el idioma español sobrados vocablos para ser definido; aun siendo sujeto de la mayor complejidad. El vocablo CÉLEBRE no puede ser sustituido por el berrido animalada de llamar  popular a un hombre célebre. ¡Popular es un cortado! No siendo un hombre popular nunca, puede pertenecer a movimientos populares; que ya es otra cosa eso.
La acción en el mundo de los “personajes populares” la tienen los impopulares, estos son quienes viven, comentan “y padecen-desde su particular y único punto de  vista- al personaje “popular”; que es siempre como otras muchas cosas, algo a envidiar, porque metido él en la gran tomatina que es la convivencia, dice cosas tan ataviadas, que, escuchan las mujeres con admiración; tirada al centro por inquietudes y nerviosidades caprinas irreprimibles. La envidia y los celos de los otros varones que eso ven, solo tiene una salida: el chiste mordaz y la crítica que más destroce.
Para los efectos el total gentío de Tamaraceite es una gran masa enmascarada, respecto de Antonio; que lo hace todo y vive a cara descubierta; por eso los hombres serios, capaces y honestos le llaman: persona cercana de gran agudeza. Nada teórico tiene explicación sin su contrario; luz, oscuridad; grande, chico; torpe, inteligente, etc. En esa dialéctica, racional, eres imprescindible Antonio, para explicar; agarrándonos a esa “popularidad” tuya, para dar entrada –como contrario- en esta cuestión concreta, a los ricos ceñudos señores ¡puestos allá que pá que! ¡Cuando se ponen allá sin tener porqué! ¡Cuando nunca hay porqué! ¡Cuando no se saben los paraqués de esos porqués que no tienen porqué!
Recapacitar la vida de Rodríguez a mí, me produce vaciedad en la mía. Esa  conmiseración empática y sin salida para mi pensamiento, me hace intuir que Antonio es inmensamente superior. ¡Creo que esto nos pasa a todos, por eso estamos hoy aquí con él!
Antonio, acepta mis plácemes, saludos, respetos, y hasta cariños para ti, mi querido conciudadano.


COLOFÓN

Virtud (una de ellas) de Antonio: habla para uno, dos, tres o cuatro gatos, pero lo que más le gusta es dirigirse a cientos y mucho más a miles de personas de las que solo puede disponer en fiestuchas-romerías. Su proceder es, una vez subido a un banco, girar el cuerpo, increpando con la mirada y preguntando con los ojos: ¡¡que pasa aquí!!; quedan todos como pájaro ante serpiente; entonces empieza su discurso, que al no ser doctrinario, de él, se aprende; más que con el que dijo o va a decir el cura; de siempre igual y cabal majadería; del mismo, exacto, eterno guineo.

ABUNDANCIAS AL CANTO

Es mentira camellil y cretina decir que cada loco tiene un tema o, su tema; cuando no habiendo absolutamente nadie sano de la cabeza (lo demuestro todo tipo de comportamiento, que es zorruno como mínimo) y siendo ocho mil millones, sería correcto decir que, –y lo acepto- cada tema tiene millones de locos en él inmersos. No es correcto decir: no somos viejos somos diferentes. Es correcto decir: no somos diferentes, somos viejos. Así mismo parece adecuado decir: cada mundo es un hombre. No es al menos muy adecuado decir: cada hombre es un mundo, porque al ser ocho mil millones de hombres, que, lo serían de mundos, no hay cabida en el sistema solar, etc. etc... “El que tiene oídos para oír que oiga”; si ello no le sirviera que se lleve la mano al culo a comprobar, que puede tenerlo al aire y ni se ha enterado. En fin  tire la primera tosca aquel que se sepa impoluto; incluso si se cree impoluto, ¡mejor para él!

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