viernes, 26 de diciembre de 2014

Modernidad

Por Luis C. García Correa
¿Qué entiendo por “modernidad”? La convicción de que la honesta participación es la solución.
No creo que haya existido o exista época alguna de la historia de la humanidad en la que las circunstancias, aún siendo impuestas, no tengan solución. Basta poner en práctica los grandes valores. Basta participar -implicarse y comprometerse- en la búsqueda de una salida.
Mi modernidad consiste en vivir de acuerdo al primer Mandamiento: amar a Padre Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos. Eso es, ha sido y será mi modernidad.
De existir una mayoría honesta y participativa, ésta impondría su honesto comportamiento. La consecuencia sería, estoy convencido, la solidaridad en el bien.
Las verdades eternas, son eternas. No hay época ni circunstancias que las cambien o anulen.
Nada bueno se ha desvanecido. Puede haberse obscurecido, pero nunca ha desaparecido.
Es cierto que las circunstancias siempre han tenido alguna influencia en los problemas individuales. Pero nunca éstas han tenido la última palabra, han sido omnipotentes. Incluso cuando se han intentado imponer de forma esclavizante.
La esclavitud de hoy es creada por los poderes perversos, con el apoyo incondicional de los pasotas y de los individualistas.
La realidad que vivimos es real. Los efectos de nuestra indiferencia disuelven nuestro entorno: el natural, el familiar, el profesional, el económico, el social, el cultural.
Nos estamos autodestruyendo -no en la teoría, sino en la práctica- por la espantosa y devastadora contaminación y destrucción de nuestro hábitat natural.
Nunca antes he sentido y vivido tanta libertad y nunca antes he sentido y vivido tan coartada la libertad.
Una señal clara de falta de libertad -y, por tanto, de espacio para los creadores de modernidad- es que pueda haber instituciones oficiales -creadas para solucionar los problemas personales y de la comunidad- que no estén a nuestro servicio, sino al revés: nosotros estamos a su servicio.
Convertir en realidad la necesaria vivencia de que todo esté al servicio del Ser humano, la hará esa mayoría honesta y participativa, que, como tal mayoría, inducirá y hasta impondrá su honesto comportamiento.
Todos y cada uno de nosotros construimos nuestra realidad. La realidad no se nos impone. Y nuestro compromiso generará una sociedad humana, justa y honesta, con tal de que no nos dejemos arrastrar por el poder perverso.
Sin amor y sin honestidad no hay posibilidad de solución.
Honestidad es amar y servir apasionadamente sin pedir nada a cambio.

La modernidad será la que haga la mayoría. Será honesta o deshonesta, si es habitatista o antihabitatista.
La felicidad y la libertad serán la que hagamos y vivamos a diario, con nuestra honesta participación. Si ésta se une a la de la mayoría, tendremos el mundo para el que hemos nacido, que es el de la plena felicidad y de la plena libertad. Así es como veo la postmodernidad.

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