miércoles, 14 de enero de 2015

Falleció Agustín el sacristán de Tamaraceite

No es habitual en esta página poner un obituario pero hoy el personaje se lo merece. Agustinito el sacristán de Tamaraceite nos ha dejado para siempre.  Fue elegido Premio Radio Tamaraceite, hace algunos años ya, por su dedicación a los demás. Y este premio no lo tiene cualquiera, y les explico. Si les preguntamos a los trabajadores sobre lo que les gustaría hacer cuando llegue su edad de jubilación veremos que en un alto porcentaje estos contestarán que desean que les llegue la jubilación para descansar, irse de viaje, no hacer nada o dedicarse a la familia. El caso de Agustín fue muy diferente al del resto de los mortales trabajadores, porque él se jubiló para dedicar su vida a los demás y a la iglesia, a su iglesia de Tamaraceite, esa que vio nacer y ser creada parroquia cuando apenas tenía 12 o 13 años. 

Pastelero reconocido, trabajó en el turismo en el sur de la isla cuando no había autopista y no se podía ir y venir todos los días. Su viejo Triumph verde fue su fiel acompañante en esta etapa que terminó como chófer en Almacenes Rabadán, uno de los más conocidos de la época. Agustín siempre estuvo ligado a la parroquia, siempre que el trabajo se lo permitía. Muchas son las anécdotas que nos contaba de los curas con los que lidió y como él mismo decía, muchas fueron las misas que "dijo" en estos años. De todos los párrocos que por nuestra parroquia desfilaron podía contarnos Agustín alguna anécdota, pero es sobre los más recientes y con los que más intensamente y a fondo trabajó, sobre los que nos contaba carretas y carretones. 

Don Olegario, Don Pedro, Don Jesús, Don Miguel, Don Juan Carlos y Don Cristóbal son fieles testigos de la servicialidad de Agustín. Nunca les faltaba el alba ni los útiles de la misa porque todo estaba preparado para cuando llegaran. Pero su labor no solo consistía en abrir y cerrar el templo y que a los curas no les faltara de nada sino que hacía los arreglos imprevistos de electricidad o de la megafonía. Era un auténtico manitas. 


Agustín decidió hace unos años vivir su segunda jubilación y con ella recuperar todo ese tiempo que le había "quitado" a su familia por dedicárselo a la iglesia y a los demás. Hoy tenemos que tener muy presente a su mujer ya que si no hubiera sido por su apoyo y desapego Agustín no podría haberse dedicado en cuerpo y alma a nuestra parrquia. Tamaraceite "pierde" un buen sacristán, aunque su espíritu siempre estará en esta parroquia. Serían incontables las bodas, bautizos, primeras comuniones y funerales que presenció. A todo el que llegaba a la sacristía buscando al cura él siempre lo recibía con una sonrisa y si había confianza con un buen chiste, poniendo el toque de humor a la conversación.

A partir de hoy será difícil hacernos a la idea no ver a Agustín en el presbiterio, pero es ley de vida. Hoy empieza Agustín una nueva vida en la eternidad, esa que él esperaba sin miedo.  Desde estas líneas te decimos Agustín "hasta siempre y gracias por tu servicio a Tamaraceite".

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