martes, 13 de enero de 2015

Matar el sentido del humor

Por Jesús Vega Mesa
La Provincia DLP. Uno de los regalos más hermosos que hemos recibido, junto con el de la vida, es el del sentido del humor. Por cierto que no sé por qué no se añade ya de una vez a esa vieja lista de cinco sentidos. Es importante ver y oir. Pero lo es igualmente saber reírse y bromear.

Juan es un amigo invidente de Arinaga. Perdió hace años el sentido de la vista pero ha crecido, me cuenta en el del humor. Dice él que ha salido ganando. En la pasada Nochebuena, mientras cenábamos en familia, Carlos, que tiene apenas dos años, no paró de reírse y hacer bromas con los mayores utilizando ese sentido que por cierto algunos han perdido: la capacidad de burlarse de sí mismo y, como quien no quiere la cosa, aparentando inocencia, tomarle el pelo a los demás.

Está demostrado que gran parte de nuestra sociedad tiene bien desarrollado el sentido del humor. Tanto que, hasta de los momentos de desgracia sabemos hacer chiste. Y si no, basta repasar los miles de dibujos satíricos que nos enviamos por wasap cada vez que, por ejemplo, se dan a conocer las aventuras de algún delincuente de guante blanco. Nos roban y, en compensación, nos burlamos del “sujeto”, que diría la guardia civil. O pregunten en Tamaraceite por Manuel Cazuela, ya fallecido, que era famoso por sus chistes en la casa donde velaban a un difunto.

Tenemos la suerte de tener un papa que contagia buen humor. Y eso a pesar de los problemas graves por los que atraviesa nuestra Iglesia y a los que él tiene que enfrentarse. Tenemos también la suerte de ver las fotos de un papa que ríe a carcajadas. Ya estábamos ansiosos de contar con un pontífice que habla “en cristiano” y se le entiende siempre. Y tenemos la suerte los cristianos de tener a un Jesús de Nazaret del que los evangelios nunca dicen que reía, probablemente porque lo normal era verle reír. Sólo nos cuentan que algunas veces lloró. Y lloró porque algún amigo había muerto o lo pasaba mal.

Hay fanáticos religiosos, por el contrario, que nunca ríen ni sonríen porque no están acostumbrados. Porque les molesta que la gente sea libre y que se exprese como quiera. Hay fanáticos, me da lo mismo que sean religiosos o ateos, que en todas partes cuecen habas, que no saben valorar el humor ni la libertad de expresión, porque ese sentido no lo tienen desarrollado. Porque en la escuela aprendieron que los sentidos eran cinco y no llegaron a descubrir ese que les queda y que tan pronto aprendió Carlos con dos añitos.
Así ha pasado con los miembros del Yihadismo más intolerante y energúmeno. Han asesinado a los trabajadores de la revista satírica Charlie Hebdo. Los han matado y lo estamos sufriendo. Pero no matarán el sentido del humor.

3 comentarios:

Antonio Domínguez Herrera dijo...

SIN FE DE ARREGLAR AL HOMBRE. LA REPONSABILIDAD PARA EL QUE LO HIZO. Uno de los regalos más hermosos que hemos recibido, junto con el de la vista es el sentido del humor. Casi nunca se nombra porque no es manjar para los ricos señores ceñudos de ordinario y siempre. A Juan y Carlos de 2 años les deseo perseverancia en sus condiciones para la celebración. A pesar de que yo no soy muy de humor y huya del contador de chistes “como de las penas de los infiernos” y de que la noche buena sea para mí una noche como otra cualquiera; no doy valor a ningún Papa por muy amistosamente Pacuco que se llame; nací con el general (otro Paco) y deviniente del acto de perpetuarse propiciado por la flojera y el hambre (no en vano se le llamaba régimen “a aquellas glorias celestiales”, de aquel tiempo del señor, que, por otro lado también era represivo). Por las formas de vida; los regocijos y alegrías eran ningunos. A pesar de los pesares Don Jesús Vega Mesa no ha dejado pasar por alto a los en Agustín, un sacristán de caramelo.

Anónimo dijo...

ladrones de guante blanco, además de los del terror, espanto y los de monstruosidad letal; los graves problemas, él dice que atraviesa la iglesia; yo digo de siempre tuvo, tiene y tendrá la iglesia. Dice que hay fanáticos religiosos que les molesta que la gente sea libre. Por el oficio que usted profesa, estos reconocimientos expresamente apuntados le hacen grande. De usted debería tomar ejemplo una camarilla de curas. Sobre todo uno mediático sin mano izquierda, porque solo la usa para agarrar por el pelo y meterte a Cristo, con la derecha, por el gaznate para abajo (no ha aprendido que para catapultar a Dios en un cerebro, solo hay un camino: el más humilde amor, que es el más grande tal vez).
Me congratulo congratulado. Me ha gustado mucho su palabra porque desmitifica; viniendo de donde viene tiene valor quíntuple… y por lo que se arriesga. No me parece mal sus alabanzas al Papa, algo ha de tener de cura. Como ya tengo dicho no le paro bola a confesión ninguna; no se me da dar mucho valor a los amores más allá de la carne viva; me postro ante la indígena despatarrada pidiendo marcha arrinconada; la alegría divina de ese amor por los hermanos, que no son hermanos, en la recepción de los santos oficios y óleos, también me da igual. Si yo soy impracticable para esos menesteres y tengo debilidad por el señor Mesa es porque es honrado y no va de listo como si fuéramos una iglesia de un matorral en el África negra, todo lo contrario, sabe que estamos en Europa y por lo mismo nos trata con respeto extraordinariamente grandioso. Así es que animo y aviso a los siete curillas que quedan en G.C. a que se fijen como actúa el señor Mesa. Sobre todo fíjense en Las maravillas que consigue con la humildad. Por algo es el único cura con el que muy a distancia en el tiempo y mínimamente me comunico. Lo demás es metralla, de la que lo saludable es mantenerse alejado.


Antonio Domínguez

Anónimo dijo...

SIN FE DE ARREGLAR AL HOMBRE. LA REPONSABILIDAD PARA EL QUE LO HIZO.

Uno de los regalos más hermosos que hemos recibido, junto con el de la vista es el sentido del humor. Casi nunca se nombra porque no es manjar para los ricos señores ceñudos de ordinario y siempre. A Juan y Carlos de 2 años les deseo perseverancia en sus condiciones para la celebración. A pesar de que yo no soy muy de humor y huya del contador de chistes “como de las penas de los infiernos” y de que la noche buena sea para mí una noche como otra cualquiera; no doy valor a ningún Papa por muy amistosamente Pacuco que se llame; nací con el general (otro Paco) y deviniente del acto de perpetuarse propiciado por la flojera y el hambre (no en vano se le llamaba régimen “a aquellas glorias celestiales”, de aquel tiempo del señor, que, por otro lado también era represivo). Por las formas de vida; los regocijos y alegrías eran ningunos.
A pesar de los pesares Don Jesús Vega Mesa no ha dejado pasar por alto a los