viernes, 20 de marzo de 2015

"La muerte ¡qué importante!"

Por Luis C. García Correa
La muerte es el acontecimiento personal más importante, después del nacimiento.
Se nace acompañado. Se muere solo.
Se nace ayudado. Se muere sin ayuda.
La muerte es única e irrepetible. (No creo en la reencarnación).
Por lo general, no se tiene presente la muerte.
Cuando nos rodea, o la vemos en otros, nos hace ver y sentir su trascendencia e impresionante realidad.
Una vez se cruza el umbral de la muerte, no hay retroceso. La muerte es única, se sea creyente o no.
Los creyentes creemos que la muerte es el paso necesario para la eternidad en la presencia y contemplación de Padre Dios, que eso, para mí, es el cielo.
Supongo que para los no creyentes la muerte es el fin de todo. El final del recorrido de algo tan maravilloso, impresionante y único de la vida.
Que vivir, que es algo tan grandioso, único e irrepetible acabe en la nada, me parece injusto.
Los seres humanos valoramos las virtudes que tenemos que cultivar para que la muerte tenga un final feliz.
Dedicar toda una vida a trabajar por el bien de los demás, y que no tenga una compensación, lo creo sumamente injusto. ¡Claro! Creo en la existencia de Padre Dios.
¿Cuál es la verdad? ¿Existe o no Padre Dios?
La muerte es necesaria y su fin es ir a la presencia de Padre Dios. Si no existiera Padre Dios me lo imaginaría, por la necesidad que tengo de Él. El Primer Mandamiento me impulsa a amar a Padre Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a mí mismo. Es el leitmotiv de mi vida, de mis hechos y de mi esperanza para la eternidad.
La muerte ¡qué importante! Es como la vida: única e irrepetible.
¿Cuál es la verdad? ¿Existe Padre Dios y la muerte es el paso a la eternidad en su contemplación? O ¿No existe nada después de la muerte?

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