martes, 24 de marzo de 2015

Vivencias de un tenoyero - La Ganadería (Capítulo tercero y último)

Por Tino Torón
En aquellos tiempos, no solo había animales en las fincas, también existían los animales domésticos en las casas, tanto en solares como en las azoteas, entre los mas eran las cabras, gallinas, conejos y algún aficionado un palomar y tanto en fincas como en algunas casas los cochinos, en este caso el día de la matanza se festejaba con un gran ritual, participando vecinos y amigos, recuerdo de verlos matar en la misma calle en la zona del Salvial de los conocidos mil quinientas, en la acequia hoy llamada Calle Acequia por Celito el Zulaquer y en la finca del Provisor. Del preciado animal se hacían morcillas, chorizos y se guardaba entre sal, recuerdo de ver los vendedores de cochinillos de Ingenio, uno de ellos cuando venía se quedaba en una finca cerca de la casa de mis abuelos.    
       Como decía, por no decir en todas teníamos animales, tanto es así que habían varios que tenían machos, que iban por las calles dejando ese fuerte olor que nos penetraba, antes de llegar y a lo lejos ya lo percibíamos, otros la llevaban al macho tirando por la cabras por la calle, sobre todo eran niños que después de salir de las escuelas, pues los padres estaban trabajando, cuando llegaba a  la casa la madre le preguntaba:” cogió macho mi niño” y recuerdo en mi caso que la mujer me atendía, ya que el marido estaba trabajando y le preguntaba, quedando en silencio, contestándome: pues no sé mi niño.
      De los machos tengo varias “anécdotas y curiosidades variadas”  y apodos que me permitan cariñosamente publicar mas adelante y con la colaboración de  ustedes completarán.
      Los niños teníamos que ir a buscarles de comer, rastreando laderas en busca de hierbas, a los tomateros en fuera de zafra y a las fincas en busca de hojas de platanera y tallos, pues del rolo sacaban las tiras para venderlas, cuando había una sacada de papas íbamos en busca de ramas. Mis padres tenían unos pequeños terrenos en Caña Honda y me mandaban a mí en busca de millo en rama que con el sol me cortaban el cuello, así como frutas para vender a las tiendas sin poder descargarme por el camino, todo esto me ha servido para valorar ala vida.
      Había familias que vendían los huevos  para subsistir como la leche, que era muy solicitada y quesos, recuerdo de oír: mi hijo se crió con la leche la cabra, cuando un niño estaba enfermo buscaban la mejor leche incluso de favor.
      Por mi pueblo llegué a ver al cabrero con varias cabras vendiendo leche, ordeñándolas delante de los clientes y en la zona de la isleta frecuentadas desde niño a casa de mis tíos llegué a ver grandes ganados de banda a banda por las calles que con los cencerros y dispersos balidos, con esa musiquilla tan natural, llamaban a los clientes, de esas cabras llegaban los estiércoles que le llamábamos estiércol del puerto, mezclados con aserrín que los niños registrábamos a ver si nos encontrábamos algo de valor.
     En aquella época al pasar por las calles oíamos los balidos, las gallinas cacarear, los perros ladrar, percibiendo los olores incluso de tierras que perfumaban a hierbas aromáticas a todas horas, el pasar de las mujeres con cargas a la cabeza y los hombres al hombro de los trabajos, había quién tenía un burro, animal muy frecuentado en las fincas, panaderos, vendedores ambulantes… luego venían las recogidas de estiércol que se vendía por lo que muchos apañaban recorriendo carreteras y laderas, no dejaban caer una hoja.
     Cuando pasábamos por las calles y callejones, percibíamos el balar de cabras y baifos, estos bajo una cesta para que no comiera tierra y aprovechar el cuajo, el ladrido de perros, el piar de las gallinas y los pájaros, casi todos teníamos canarios, mirlos,….hasta periquitos, loros, todo se vendía y los que venían cantando “gallinas cueros y baifos” con un palo atravesado en el hombro colgando en los extremos las compras de gallinas boca abajo, incluso se intercambiaban unas gallinas por otras, sin dejar atrás la figura de los marchantes y matarifes, de los que algunos he entrevistado con una gran historia personal increible, que nos llama la atención.
      Cuando una cabra, vaca, oveja paría había quienes peleaban por el beletén, en los pueblos todos nos conocíamos (Tenoya sigue siendo pueblo) y tanto que cualquier noticia se difundía rápidamente, pues tanto cuando iban a lavar, a buscar agua al pilar, a la tienda “los ecos llegaban al último rincón”.       
     En vista de la cantidad, las matanzas eran casi a diario e inclusos había robos sobre todo de gallinas y huevos, un amigo mío le quitaba los huevos a la madre e iba a la tienda para que le hiciera un bocadillo, todos no estábamos preparados para matar por lo que había vecinos y matarifes en los pueblos, en Tenoya hay un sitio donde le llama La Sangraera, lugar donde mataban a los animales, como no había neveras las carnes eran frescas, mantenidas en ocasiones entre hielos.       
        Me despido con la elaboración de los quesos caseros y una poesía a los Pastores:
   Con una imagen que revivo en estos momentos de ver a los maridos y a ellas mismas ordeñar sus cabras para hacer los quesos veía por regla general a las mayores (Las abuelas) vestidas de negro y pañuelo escarranchadas con trajes largos y delantal ante la quesera, sus manos arrugadas y rudas después de hacer la cuajada, que también se aprovechaba, presionaban con arte y cariño desprendiendo su calor templado  poco a poco mientras el suero líquido sobrante caía en un cacharro o caldero, con esa paciencia observaba como entre sus dedos brotaba el sobrante que reponía, una vez hecho lo pasaban al cañizo (unas esteras echas de cañas) colgado en las cocinas, porque decían que el ambiente de calores y olores era el mejor, percibiendo ese aroma e incluso en muchas de ellas colgaban ramos de eucaliptos a su vez se posaban  las moscas.
      Todos los días le daban vueltas para que se fueran curando, unas si era queso tierno o duro, los hombres desenvainaban el cuchillo canario haciendo el primer corte, aprovechando la hora del pisco de ron y ver catándolo haciendo una pequeña cuña cogiendo la cáscara y volviéndola a colocar para no afear el queso, a lo mejor ya tenía tres catas o mas.

Allá viene el pastor,
Con su farol y lechera,
Por el camino Las Pitas,
Y los pistones de banderas,

Surco del amanecer
Camino como las aguas
Aguas serenas y cantarinas
Sin sueños ni fronteras

Allá en el machinal
Al pié de la ladera
Esta el alpendre
Mirando a las fronteras

Oh pastor
Pastor de cabras,
Pastor de vacas
Pastor de ovejas

Cuantas tienes:
Y ninguna te llevas
Las llamas por su nombre
Las diriges como velas

Pastando en la rivera
Portando en las laderas
Los frutos en flor

Pastor
Tu imagen sencilla
Sentado en aquel morrete
Palo en mano
El gran predicador

Llevas a tu rebaño
Con tu humilde mirada
Con tu temple
Diriges la manada

Tú figura un retrato
Sombrero, capa botas
Y talega de gofio en la mochila

En tu descanso
Pastor de laderas
Pastor de establos
El pero tu compañero
Y tu amada en el regazo


2 comentarios:

Eva Mª Molina dijo...

No sé como empezar, pero seguramente la gente que visita el blog es más joven y no ha tenido estas vivencias. Ante todo me gusta eso de "Tenoya" sigue siendo pueblo" aquí por lo que dicen, ya no. Al vivir en una finca hasta los 8 años REVIVO todo lo que cuentas Tino, Recuerdo cuando venían los hombres con sus mulas cargadas con los cochinitos, (Les dejaban pasar la noche en la finca, dormían en lo que antes se denominaba "el pajero" (hoy pajar que queda más mono)las cabritas allí, más tarde también vacas, mi padre era quien las ordeñaba, al menos las cabras si lo recuerdo, ese olor de las plantas secas del millo (hoy maíz, claro)acumuladas en el pajar, quien haya vivido esas cosas tiene suerte de haberlas vivido. Ya en nuestra casa después de 8 años (mi padre era herrero de profesión y surgió una oportunidad y se fue a trabajar con los "Betancores" Ya en mi casa había cabras, conejos, gallinas y un gallo peleón que solo dejaba entrar en el gallinero a mi madre, a los demás nos perseguía y picoteaba, recuerdo a mi madre con la nidada de pollitos recién nacidos en sus manos,recuerdo que cuando mataban baifos y conejos, a los niños no nos dejaban estar presentes, decían que era un mal ejemplo para los niños, pues se decía que un niño había visto hacer esto y se lo había hecho a su hermanito bebé ¡Qué cosas tan tenebrosas se decían!
Ha sido muy bonita tu narración de estas vivencias. Muchas gracias por traer a mi memoria, recuerdo, vivencias, olores...Tanto del pajar, de los "alpendres" en si (creo que ya no se llaman así)Del millo tostándose en la finca y como ya dije en otra ocasión, de llevar el millo al molino con mi padre e ir con él cogida de la mano, carretera arriba a recoger el saco de gofio aun calentito...los olores del molino...
Gracias por recordarme mis vivencias. Eva Mª Molina

Tino Toron dijo...

Eva María Molina: Gracias por participar añadiendo y ampliando el artículo en la que revives como tantos esos momentos, para mi me hacen vivir en mas plenitud, porque mis recuerdos buenos y malos me ayudan a vivir mejor.
Me despido, muy agradecido