martes, 21 de abril de 2015

Acude Dios ¡Por Dios! (...)

Por Antonio Domínguez 
Procurando portarme de lo mejor que soy capaz, comienzo por decirle que si usted se ha dejado la color de la piel… su salud, penetrando de forma tozuda por la teología para adentro ¡”que Dios se lo perdone”! Ni yo ni nadie podrá hacer nada por usted.
Una vez pregunté a una licenciada: ¿te gusta mi “ordenamiento” en los conceptos? Me dijo sí, pero… lo dejó en esos puntos suspensivos por no cantar el cantar de  la beata priora de convento que sueña ser de mayor.
Estoy  cansado de ser el tolete ante gente con dinero o, brutitos de licenciaturas de ciencias (ignorantes que te ensucias, fuera de sus cuatro números; no así los de letras, no todos). Les basta ser de aquí del pueblo para yo quererles mucho. Es superior el amor que el respeto; de ahí la presunta respetuosidad.
En lo que más inciden con las preguntas que me hacen es, según ellos, en la imposible disociación de la filosofía de la teología, según yo pretendo.
Parafrasearé a San Agustín invocaré a San Anselmo y demás “filósofos” del santoral; los cuales niego como filósofos y les dejo en la nada de la teología; creo van servidos y que chuta.
La luz natural (razón que ilumina al hombre) dice: hasta el siglo dieciocho, ciencia; todavía en el siglo diecinueve se decía “filosofía natural” sin intervención de teología alguna. La filosofía es una búsqueda que se interroga sobre la verdad y sus problemas; su tarea es más la de suscitar problemas, que la de resolverlos; en este sentido es absolutamente crítica, ¡nunca dogmática! es trabajo intelectual de la razón que solo atiende a cosas de este mundo; aún suponiéndolas, pero, ¡aquí! Ese aquí es donde tiene su trabajo la razón práctica, de este mundo, en cuanto que logística: lógica -el logos, ¡solo material! en sentido universal-. El programa de enseñanza de la filosofía comprende: psicología, lógica, moral no en sentido del pecado ni de nada que no sea material, estética y metafísica solo de este mundo. Ciencia del ser en tanto que ser físico. Las dos grandes dimensiones de la filosofía son el conocimiento y la acción. Desde que Hegel dijo que la filosofía era, ante todo, una reflexión sobre la historia de la filosofía, es decir, una relectura creadora de los textos de los filósofos anteriores, podemos concluir que cada nueva obra de un verdadero filósofo es como un renacer de la filosofía. Sucede como si la tradición se transfigurara en nuevos mundos teóricos por venir.
Ahora viene la palabra teología explicada según mi luz natural: TEOLOGÍA: metafísica que trata de Dios de su existencia y sus atributos. Metafísica en este caso, puede ser, porque se habla de más allá de la física; es como decir de ninguna parte, es como decir de planetas habitados, de lo cual no se sabe una palabra.  Dios, ha lugar a probar lo improbado ¡nadie le ha  visto! En cuanto a sus atributos, pertenencias, etc. no se puede hablar del cielo como si se hubiese estado allí en un viaje turístico. ¡Un poquito de por favor y de vergüenza torera!

Todos sus terrenos, asuntos y cosas las describe un libro hecho con tinta y papel de este mundo y escrito por hombres de este mundo que hablaban con Dios nada menos; siempre sin testigos muy lamentablemente. Dicen de teología racional natural  que reposa en la mera razón, cuando es mentira porque la teología escapa a lo razonable, lo que no se comprende, y que no ha dado la más mínima seña de existencia en ninguna razón.
Montan el tinglado más monumental que haya ensamblado el hombre jamás “para demostrar” que la teología es una revelación ¿Cuál fotografía, Pero en que se basan. Donde lo oyeron, o, donde me pueden llevar a mí para que lo oiga? ¿Es que porque se vista un hombre de máscara un domingo por la mañana es   más que los demás allí; que hasta de ovejas, borregos y de ganado (así mismo les llaman, y a Dios cordero) son en metáfora tratados?
De la teología dogmática –que es la fe- y de la teología moral -que es el pecado- “se constituyen los dos grandes campos del espacio teológico”. Con solo estas aéreas raíces no hace falta más para tener maestros y educadores plenamente convencidos, atraídos, “inmovilizados parados estáticos” y ¡encantados!; educando en creencias, que viene a ser (todo lo que no sea amarillo no es amarillo) malcriando en razones y certezas.
Esto no es teología negativa. Esto es una negación de la teología, en el sentido de su imposibilidad porque escapa totalmente a la razón; ya sea “positiva” ya sea negativa.
Al estar tan en el aire y ser ninguno el conocimiento ontológico-metafísico (conocimiento del ser divino más allá de este mundo) que tan grande empresa requiere, recurrieron Tomas de Aquino y Juan de la Cruz a la negativa, por lo que se habla de teología apofática: intentonas desesperadas por razonar lo irrazonable y explicar lo que nadie puede aprehender, intelectualizar; no inteligible frente a frente con la razón pura (no porque sea pura, es porque no hay otra). La teología apofática (que significa “decir no”, “negar”), es una vía teológica que se aparta de todo “conocimiento” positivo de la naturaleza o esencia de Dios; pero tanto esta vía como la otra de la teología positiva, para mí tienen el mismo valor frente a la filosofía: o sea, ninguno y así expresamente se lo niego. La teología afirmativa ofrece la posibilidad de conocer a Dios a través del uso de la razón y del intelecto. Estoy de acuerdo, pero para eso tendrá Dios primero ser presentado. Ante la imposibilidad de poder traer para abajo a Dios en persona, ya que no sirve en estas lides casarse por el poder, y no sirve porque solo se trataría de fe, la cual no sirve para nada; porque significa nada.
Sé que esto se va haciendo apañado para un  diálogo de sordos, porque el teólogo cuando escucha hablar al filósofo genuino, auténtico (no le nombro por el nombre para no producirles mareo), dice: blasfemia, herejía, pecado, ¡eso no falla! El filósofo genuino, auténtico, cuando oye hablar al teólogo se mea de risa.
No se pierda de vista que trato de demostrar que la teología es un rebotallo, un todo revuelto: una impermeable, particular envoltura donde no hay grieta para la filosofía.
El pobre e infeliz Abelardo (en el sentido que le puede el ridículo tiquismiquis que es el pecado), cierto es que su distinción entre el delito y el pecado alude a la concepción de la intención como fundamento de la bondad o de la maldad. Mas esta bondad maldad no son nunca subjetivas; menos aun pretendía Abelardo suprimir el efectivo castigo del delito, pues si bien el filósofo escribió en el capítulo 5 de su ética “que el acto del pecado no es un delito en sí mismo” (es lo que traigo a destacar), advirtió acto seguido que en el orden humano la imposibilidad de hacer lo que Dios hace –sondear la verdad del corazón- impone juzgar la maldad según el acto y no según la mala saña con que es ejecutado.
La dialéctica negativa (exclusiva y de este mundo) repudia toda contextualización definitiva y tiene en cuenta el movimiento incesante del pensamiento al que no puede satisfacer ninguna alternativa. La propia lógica se convierte entonces en lógica dialéctica donde la contradicción se hace objetiva. Curiosamente el ejercicio de la lógica que salta por encima de toda caracterización lleva a poder comparar la filosofía impulsada por la dialéctica negativa con una obra de arte la cual no dice nada propiamente sobre la realidad. Representar los antagonismos sociales no es conceptualizarlos, sino representarlos miméticamente.
Las cosas no han de ser objeto de fe propiamente hablando, sin embargo no hay una filosofía de San Agustín ayuntada a “su filosofía” y hasta de sus experiencias personales. En el sentido formulado dentro, justamente, de la tradición agustiniana, por San Anselmo; San Agustín no cree porque sí, y menos porque el objeto de la creencia sea absurdo. Tampoco comprende, porque no tiene datos, sino que cree para comprender lo que cree –y podría añadirse-, comprende para creer; todo mentira porque es harto exagerado ese inmenso creer para tan poco o nada comprender. Se queda todo en la fe, que es suponer. Las suposiciones no sirven sino llegado el momento en que se muestran las causas para poderlas contrastar en efectos. A ver si va a salir aquí que San Agustín no era siquiera teólogo. ¿Era filósofo?, pues mira, este, algo sí; lucía pequeña llama raciocina, y la teología o, su teología, es solo humo ¡una gran bomba de humo!
Los dictados de la pasión y del corazón colmado de felicidad de San Agustín –como dicen sus biógrafos- no son suficientes para moldear síntesis rigurosas y de mundo preñadas. Dicen ahora (y se quedan tan panchos), que la busca agustiniana de la verdad no es, así solo contemplativa, sino también eminentemente activa; que no implica solo conocimiento la posesión de la verdad, antes que ser objeto de ciencia, lo es de sapiencia o sabiduría. Y la busca de la verdad no es un método sino un camino espiritual,- un peregrinaje, un itinerario. Ahí queda eso y, así, se le llama filósofo a cualquiera: a un San Agustín teólogo a muerte que, como greca figura, presa de hipnosis lo pasó mirando al cielo día y noche.
Si los académicos tuvieran un sillón con letra para ir a trabajar, y no a dormir como es el caso, ya nos habrían librado del amasijo que ha llevado a cabo la teología con las demás ciencias, especialmente la filosofía con y sus consecuentes desastrosas repercusiones; en la filosofía, sociología, psicología, biología, etc. de la filosofía se quieren valer todos, para todo otro estudio, por razón esencial ¿que justifica? mi comentario que intenta bajar de la burra de la filosofía a los encorsetamientos de toda teología. A ninguna burra se puede subir algo que no sea de este mundo.  
Ya es hora de que sepamos que la filosofía sirve para comunicar solo empírias entre los hombres; algunos hombres mentían cuando pretendidamente hablaban con Dios (hoy los hay –es la moda- que han sido abducidos y hasta han estado en Ganimedes); ¿No se dan cuenta que Dios lleva dos mil años sin hablar en privado con alguien –excepto a locos- y que el mundo está mil y una vez peor que Cristo lo dejó ¡mantas! Que no abrigáis ni en el verano?
El racionalismo de D´Alembert se manifestaba en la lucha contra lo que consideraba el oscurantismo de toda creencia en mitos y, en general, en una realidad trascendente. Su empirismo se revela en su oposición a principios metafísicos incomprobados e incomprobables por medio de la experiencia de la filosofía.
El filósofo que fue sin taras ni lastres D´Alembert; la relación entre principios y hechos era para Él equivalente a la relación entre leyes y fenómenos. En esta relación subrayaba constantemente el elemento empírico más allá del cual no puede ir la razón. La filosofía ama la claridad del día y no se apunta a excursiones por la selva negra, ni a grandes cuevas, de kilómetros, se amolda. La filosofía es nudo de unión de los saberes; pero no al método de la metafísica tradicional, sino como sistema racional demostrable de todas las relaciones entre principios y fenómenos. D´Alembert no escribió para sectas y pudo crear su filosofía sin nombrar nunca la palabra prohibida para los filósofos de raza: para ellos, la palabra aciaga es: teología.
Todo lo que se intuya demasiado para mí saber está parafraseado de publicaciones de José Ferrater Mora.





De una entrevista a Manolo Caballero Bonald, voy a extraer y comentar alguno de sus principios. Lo hago, más bien, para envolverme de la credibilidad que este hombre tiene; al efecto de vacunarme de las consecuencias del artículo que antecede. Serían consecuencias: antipatía por ignorancia; por, no dándome importancia leerme a toda velocidad, por distensión en cerebros enralecidos, metidos en cabezas muy grandes,  teniendo alejados para mantenerse, los límites óseos que le estrechen a méritos y elocuencias de la altura.
¡Abrimos los cajones y que también corra la intentona! Bonald dijo que le parecía una “obscenidad” escribir más libros de poesías; al mismo tiempo reconoce: “la poesía tiene un salvador”: te salva y te consuela. Es como un alivio; y cuanto más malo sea el poema (esos que dicen imbecilidades como que, el aire le mandaba mordidas a el hierro; o a los hilos de piedra que alude Neruda; ese gran tolete)  a más gente alivia. Tiene un poder terapéutico para curar ciertas zozobras de la vida que, al no entender el poema ni quien lo escribió, consecuentemente tiene poderes en particular para todo el que lo lea (mejor, lo llore). Increíblemente ve el más torpe mamífero en los poemarios, mundos, que el que los escribió podrá jamás imaginar lo que dijo y no dijo embarcado en sin par ni igual rabieta poética (pudiera ser que se le gastó el bolígrafo). Pues bien, vale pues.
Lo dicho se puede seguir argumentando a costas de las políticas, de las montañas de dinero, de las religiones y demás poderes.
Lo dejaremos hoy en las cosas del señor, que es ahora lo que tenemos que penetrar liso y sencillo, si queremos vender. Volvemos con Bonald –“que es de quién me estoy copiando”- atenido ahora a su libro: “Desaprendizaje”, y dice el tío, que primero fue hijo, hermano y sobrino: “desaprender es olvidar; entiendo que desaprender puede ser un título rudo, brusco casi como un insulto. Pero lo que propongo a mí mismo y al lector, es el olvido de lo que se ha aprendido mal; de lo que se ha aprendido de memoria con enfoques defectuosos, para volverlo a aprender de otra manera más coherente y con una conciencia muy diferente (diría totalmente distinta). Hay que olvidar lo aprendido prácticamente siempre (lo dijo Heráclito), es algo que hay que tener en cuenta siempre”.
La gran conveniencia de toda enseñanza continua y gratuita a olvidar, riñe con la necesidad de recordar cosas que están en el olvido y revientan como parida pariendo bebe de 5 k. Todo lo que al hombre le sea susceptible de olvidar, sin por ello bajar de peso, son asuntos nefastos y malos negocios. No recuerde el pasado. No sufra el futuro ya. Viva tranquilo, sin miedo al ridículo diablo; ese, con el que le han desalado toda la vida; esa mentira tremenda de la que siento vergüenza ajena –y pena inmensa y profunda- por todo aquel que se la cree.
Como le dije una vez: playita sin corriente, sancocho canario, dos copitas de whisky del más caro que aguante su bolsillo y acompañado de familiares. Nunca amigos. Buscar en google mi ensayo: “Una síntesis de la amistad”; clarificador al respecto.


Me he arriesgado mucho por enseñarle a vivir (no me importa que me llamen enterado porque enterado estoy. No me importa que me llamen vanidoso porque en vano está todo mi cuerpo, con además, par de cosas, que no pueden evitar de continuo cojear); espero que esto no le haga pensar porque pensando a llegado usted a hundirse totalmente en el bache. Mi anhelo es hacerle tomar la decisión de formarse (no crea que la formación total está en una licenciatura que no sea una muy concreta disciplina de las letras: ¡¡cuando, si es que está, en una licenciatura. No hay otra, o ser víctima propiciatoria, o ser libre en lo que cabe, o sea, en todo lo que quepa; que a Dios gracias no somos mayas en la pirámide de la sangre siéndonos arrancado el corazón para agrado de los dioses y para desenfadarles y disuadirles sigan trabajando en inventos (auténticas perrerías), azotes, plagas, epidemias, calamidades, desastres e infortunios; y lo de las sequías ¡que se me olvidaban!

5 comentarios:

Sergio Naranjo dijo...

Artículo doble, se hace largo, Antonio.
San Agustín es discutible desde la Filosofía, pero no debemos olvidar que era neoplatónico. Que después eso se tenga en cuenta o no, es otra cosa, pero un zoquete no era, él ya tenía bastante cultura, y buscó el acomodo entre la creación de un judío y la evolución del cosmos platónico.

Anónimo dijo...

Carísimo Sergio: la expresión de hombre cargada de buena voluntad bien aprehendida del que la oye o lee, crea por las dos partes distorsiones y las confusiones propias de gran sollajo adolescente que soporta las maravillas de los cien genios en propiedad que tiene (o tuvo) Simbad el Marino. Ello porque es cabal la honradez con que me tratas, y eso, hoy en día asombra y marea.
Es bueno lo extraordinario (si bien en lo extraordinario los apelativos son insuficientes) porque da ganas de vivir a todos los actores. ¿Qué no será lo más extraordinario (como no mentiroso digo lo que siento) cuando queda escrito para el mundo y cuenta con los plácemes de persona zafada de ataduras y adelantada a su tiempo?
Ahora, punto por punto. Tu reconoces que Agustín es cuestionable desde la filosofía. Es verdad. Se agenció la mitad de la república de Platón, que no entendió. Luego hizo “el milagro” de teologizarla. Todo hombre que pase una vida de sacrificios y penurias… Zoquete no es, el que busca lo que sea a toda hora. Yo le destaco como el tolete más listo de cuantos toletes son y han sido en este mundo.
Hacer un tándem con la estupidez del judío y la clarividencia del griego (en general) son asuntos a años luz; si se juntaran se cortarían como mahonesa hecha en Mahón; o sea, como con alfanjes y cimitarras.
Solo busqué la forma de poner la filosofía y la teología cada una en su sitio, desde pequeño ensayo. Me temo que aun un libro no serviría en el caso que hubiera quien leyera un libro.
Tu comentario es uno de los apoyos a la Teología más finos, sutiles, soslayados y finamente pensados que yo haya visto en tan pocas palabras. Tienes que salirte de esa trampa y ser feliz. Dame tu dirección y te mando quinientos folios escritos al respecto y que puedas ser feliz, a pata estirada (vivo) ¡¡ya tienes bastante con el trabajo que te da el trabajo y el de lidiar con la familia, como para encima perder el tiempo en veneraciones absurdas, que solo conducen al temor horrible, por el ridículo cuento, de ese diablo inventado!! Recibe los respectivos, respetuosos, respetos; además de manadas de saludos de:
Antonio Domínguez.

Sergio Naranjo dijo...

Mi no merecido amigo Antonio, la ironía y el sarcasmo, la única pareja que de hecho habita en mi cerebro sin amenaza de desahucio, te saludan.
Como cualquier varón, una época tuve en la que todo lo propio era medido y comparado, y lo ajeno supuesto y calibrado, pero hace muchos años ya que no me molesto en medir o calcular la densidad de cuanto tuviera o sintiera, por lo que la Teología, al igual que cualquier otra especialidad del Saber, no tienen ya finuras ni grosores que medir. Cuando uno ha llegado a la cincuentena, pasa que no hay caballos de donde caerse, que los caminos se hacen a pie, cuando se puede caminar, y no se pone uno ahora a dar más ni menos créditos a cuantas prédicas se publiquen, porque este ya no es tiempo del acólito, del discípulo, del émulo. El tiempo es ya el que se puede tener, que en mi caso, créeme por una vez sin ponerme en duda, es muy poco. Tanto que a veces escribir estos ridículos párrafos me cuesta rebelión casera y rebeldía pública.
Mi dirección está en poder de alguno del rancho de Maestro Pedro, el Barbero, a quien mi memoria guarda celosamente porque lo mereció y sigue mereciendo mientras esta memoria aguante. Otra dirección está a la vera de la página que esto publica, y aunque nada te ilustre, quizá pueda aspirar a que más que sea echando alguna risa te pasaras un rato.
Tener la cabeza cuadrada puede incluir el inconveniente de que las ideas se esquinan y no se mueven, como no vas a mover las mías a estas alturas cuando difieren, pero tiene la ventaja, a mi modo de ver, que tampoco se mueven en el acuerdo, mucho mayor, no siempre respondido con la letra, pero siempre agradecido y tomado por la mejor parte, que es la ilustrativa.

Pedro Domínguez Herrera dijo...

Este comentario de Sergio merece todos los elogios porque tiene mucha calidad literaria e ingenio, con cierto mensaje y cultas definiciones.A Sergio le tengo un reconocimiento especial, le considero un hombre sabio que no se anda con medias tintas; que cuando le sale del " cuajo" decir lo que piensa lo dice. "Es una virtud amigo Sergio"...
En cuanto a los escritos de mi hermano Antonio que son muy buenos aunque tengo ciertas diferencias con sus contenidos no me lanzo a comentarlos por pudor porque alabarle a él seria como alabarme yo.
!Gracias Sergio¡ tienes un amigo por este rtato de vida que me queda...

Anónimo dijo...

Por saber muy bien que no hay dinero para comprarte mi caro no enemigo (carísimo amigo), he hecho una comprobación muy minuciosa de mis machos a ver si los tengo bien amarrados. Tras el examen exhaustivo que he hecho de tus párrafos. Después de mi mente ver que todo lo que dices es verdad (no te creo por una vez, te he creído siempre). Sometidos mis recuerdos al análisis desde que nos conocemos, dan a cuantos, matrícula y no me gusta esa expresión tuya “No merecido amigo” porque de mansurrona es cristiana, y solo te hunde. En este mundo ¡uno!, por lo tanto tú, eres lo primero: el que quiera ser amigo tuyo, que merezca ser amigo tuyo; es como lo veo yo.
La ironía y el sarcasmo es máscara de personas extraordinarias, cuando están rodeadas de analfabetos funcionales como son: carnavalearos, peloteros continuamente hablando de fútbol, los que hacen colas tres días por las entradas a los drag queen, los del sálvame, los millones de enamorados/das del chico de cifras y letras, los obsesos de las romerías, los de las promesas salvajes: caminando, de rodillas y de barrigas, los que se tupen con leche si rebajar, los que se echan a correr en bandadas por cualquier cosa durante kilómetros a través de la isla; ¡flaquitos y pálidos que hasta inmensa es la pena que dan!
Tú, ante semejantes constataciones y contrastes debes salir de la ironía en que estás preso; totalmente al margen de la estupidez cretina de los otros y desde tu `propio yo, mándale “pá lastre” sin elección de maneras y sin “educación”; antes que con los excesivos cuidados que se tienen en la consumación de amores con chinita chiquitita y blanquita, que, cuando uno se cree que la esta reventando, te descuidarás y te secará como un tollo ella a ti.
Vive Sergio temiendo al bandidaje total que es el mundo. Quiere a la familia. Respeta y cumple la ley de los hombres. Si te dedicas a perder tiempo los fines de semana estás perdido; y si cuando te acuestas no te duermes ipso facto, sino que te dedicas a tener interminables charlas con la nada, te debilitarás bajo los multitudinarios diferentes aspectos. ¡Se consecuente, quítate de discípulo!
No me gusta verte tan bajo de moral tratando tus párrafos de ridículos. Yo tampoco tengo a nadie que me escuche porque no soy carnavalero y etc. como dije arriba. Tus párrafos de ridículos NADA; son magistrales en un estilo de máxima altura, que poquísimos logran. Yo en este estilo tuyo “limpiamente cortante”, estaría leyendo siempre: me encanta.
No te expreso agradecimiento, por no ser sentimiento a la altura del bello recuerdo que haces de mi padre. Si te agradezco que digas que aunque no te muevas siempre en el acuerdo expresado con la letra, sacas una parte “tomada de la mejor (tu mejor) parte” que es la ilustra.
Con las querencias y saludos de siempre. Antonio Domínguez