lunes, 30 de noviembre de 2015

El Dolor y la Muerte como Liberación

Por Luis C. García Correa
Para los no creyentes supongo la muerte debe de ser una fatalidad, aunque le debe servir lo mismo que para un creyente: aumentar la paciencia, incrementar la humildad y enriquecer la resistencia, aunque no tenga trascendencia según algunos.
Los creyentes tenemos el añadido de hacer méritos para la eternidad.
El amor es el gran recurso para paliar el dolor y la muerte.
Al ser querido le dulcifica su dolor, y a la muerte el amor del ser querido.
Considerar al dolor y a la muerte como una fatalidad del mal, eleva el sufrimiento de la desesperación y del dolor. Aquí se acabó todo.
Creyentes o no todos tenemos dolor y moriremos.
Desear la muerte como liberación es llegar al dolor sin esperanza, sin ilusión y creerla como una salvación.
Desear la muerte es estar ya muerto para el amor.
El amor es ilusión, esperanza y pasión.
Desear la muerte es haber perdido la ilusión.
A quien desea la muerte, le debemos dar más amor.
Ve la muerte como liberación, y en llegando a la muerte espera liberar su dolor.
Amar la vida da felicidad. Desear la muerte sin esperanza es el grado sumo del dolor.
Soñar, pensar, meditar acerca de la vida y en la muerte es una necesidad para tratar de vivir la realidad.
Quisiera, con toda el alma, por el amor apasionado que tengo al ser humano, que la vida y la muerte sean felicidad y no una triste realidad.
La muerte como liberación es triste porque se acaba la ilusión y el amor.
La vida y la muerte, como cosa natural, deberían ser una ilusión, y no una perdición.

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