sábado, 19 de diciembre de 2015

Carta al Viento. A pesar de todo creo.

Por Jesús Vega Mesa
Creo en los amigos, a pesar de que hay quien no se cansa de contar las traiciones recibidas. Creo que hay motivos para la alegría, aunque algunos afirmen que no es posible mirar esta tierra y sonreír. Creo que acabarán las guerras, porque tengo confianza en los pacifistas y los que se defienden no con violencia sino con diálogo y respeto. Creo en la Vida eterna porque no puedo resignarme a no ver nunca más  a los seres que he querido y ya no viven.  Creo que el mundo será mejor, porque veo a muchos que se esfuerzan por transformarlo.
Creo en  las personas porque, a pesar de su debilidad y la tentación al egoísmo, se emocionan ante el sufrimiento  de los demás. Creo en la igualdad de todas las personas porque, cuando vemos abusos y  diferencias de quienes se creen superiores,  a una mayoría nos hace sufrir y protestar.  Creo en la bondad, porque me basta conocer el corazón de mis amigos.  Creo que se puede ser feliz en la tierra, porque lo he experimentado muchas veces.  Creo que vale la pena luchar contra el mal y la tristeza porque son muchos los que han vencido.  Creo en las cosas que me parecen increíbles, porque no me fío sólo de nuestra pequeña  inteligencia. Creo en lo que no puedo demostrar, porque también tengo fe en el corazón. Creo en la otra vida, porque ésta me parece muy pequeña. Creo en la resurrección porque es posible salir de la muerte que llamamos  droga o  envidia o venganza.  Creo que Jesús resucitó,  porque he visto a muchos resucitar del odio, la desilusión  y el fanatismo.
Creo en lo que no he visto ni nadie me ha demostrado, porque siempre me fío de la palabra de mis amigos.  Creo en la poesía y en las utopías, porque son más exactas que las matemáticas.  Creo en lo que no veo ni comprendo, porque sé que no tengo capacidad para abarcarlo todo. Creo en mis amigos, porque me fío más de ellos que de mí. Creo en Dios y en Jesucristo, como creo en Xaquelina, Fran, Mélani, Alex Omaira o Verónica. Porque creo en su palabra  y sé que quieren lo mejor para mí.  No necesito garantías, ni milagros ni silogismos que demuestren que son amigos.
Cuando a un amigo se le acepta por sus títulos de bondad , o porque “me cae bien”, será cualquier cosa, menos amigo. Sólo hay verdadera amistad  cuando se acepta al otro, incluyendo  sus defectos.  Cuando se cree en Dios porque hay pruebas, porque está demostrado científicamente o  porque no choca con la razón, entonces no se hace un acto de fe sino que se comprueba  una fórmula  matemática.
No creo en las matemáticas. Yo creo en Dios. Y porque muchas veces  no lo veo ni lo comprendo, por eso creo mucho más. 
P. D.
En esta semana falleció Mario, el hijo de Remigio y Cesarita. Creía en las personas. Y en los amigos. Y  en la igualdad. Y en el respeto. Amaba a Ingenio, su pueblo. Y a la familia.  Y a su parroquia de La Candelaria. Amaba este camino que conduce a Dios. Y este camino es el camino de Jesús de Nazaret.  

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