domingo, 23 de octubre de 2016

Diario de un cura: ¿Cuánto vale una misa?

Por Suso Vega
Ayer, un grupo de jóvenes, con toda la ironía del mundo, me hicieron la pregunta: ¿Cuánto vale una misa o bautizar a un niño o casarse? Pensé responderle lo que me enseñaron en el seminario: El valor de una misa es infinito. El valor espiritual, se entiende. Pero la pregunta no se refería a lo espiritual. 
Entonces recordé a mi compañero Antonio Berriel que, con mucha frecuencia, dice que en sus muchos años en el oficio de párroco, jamás ha puesto precio a un bautizo o una boda o una misa. Y yo puedo afirmar que la gran mayoría de los curas isleños tampoco cobran. Otra cosa es que se entregue un sobre por si se quiere hacer un donativo voluntario. 
Mis jóvenes amigos no se conformaron con la respuesta y siguieron preguntando: ¿Y qué haces con ese dinero de los donativos por las misas, por ejemplo? Les aclaré entonces que ese dinero no es para el celebrante sino para el mantenimiento de la parroquia como ocurre con las colectas. Cada cura tiene su sueldo y, normalmente, deben vivir de su salario como cualquier persona. 
No tengo la menor duda de que, cobrar por un sacramento, resulta contradictorio. Dice el evangelio de San Mateo: “Den gratis lo que recibieron gratis” (Mt 10, 8). Somos curas por la gracia (gratuidad) de Dios. Por tanto, debemos celebrar los sacramentos gratuitamente. La Iglesia se mantiene, en buena parte, gracias a los donativos de los creyentes. Y a ellos debemos estar agradecidos. 
De todos modos, el tema es serio y en algunos casos, escandaloso. Mucho debe serlo en cuanto ha sido el mismo papa el que ha llamado la atención sobre los abusos de muchas parroquias con los estipendios o tasas que se cobran por un sacramento. El papa, en una homilía, se refirió con dureza a este hecho: Cuántas veces, dijo, vemos que, entrando en un templo, todavía hoy, está la “lista de precios”, por recibir el bautismo, la bendición, las intenciones de la Misa, lo que hace que se escandalice el pueblo.
Un profesor, en el Seminario, insistía en decirnos que hay dos cosas que el Pueblo de Dios no puede perdonar: un sacerdote apegado al dinero o un sacerdote que maltrata a la gente. A mí personalmente me desagrada la pregunta de quien va a apuntar una misa y pregunta que cuánto vale. Ojalá llegue pronto el día en el que todos los servicios parroquiales sean gratuitos. Y ojalá llegue también el día en el no se trate de malos modos a nadie. Ni en las parroquias ni en ningún otro sitio. Que quien llegue al templo se sienta de verdad como en familia, ya que tanto lo predicamos. Pero lo mismo habrá que decir de otros colectivos inscritos como asociaciones “sin ánimo de lucro” o ayuntamientos que en teoría está al servicio de los ciudadanos y que, sin embargo, cobran por todo. 
La conversación con mis amigos me anima a hacer un canto a la gratuidad y al trabajo desinteresado. Como gratuito y desinteresado es el trabajo de muchos misioneros. 
La conversación con mis jóvenes amigos no terminó así. Cuando parecía que el tema había acabado, les lancé mi pregunta: ¿Qué servicios gratuitos y generosos hacen ustedes a la Iglesia o al pueblo? También me hago la misma pregunta. Misas y bautizos gratis, sí. Pero no solamente afecta esto a los curas. Todos tenemos la posibilidad de compartir algo de nuestro tiempo y nuestras cualidades sin ponerle precio. Si algún cura cobra por un sacramento, muy mal. Y si tú no ofreces nada gratuito a tu comunidad, tampoco está bien. 
P.D. Este fin de semana se celebra el Día de las Misiones: El DOMUND. Una oportunidad para ser generoso.

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