lunes, 28 de noviembre de 2016

La Esperanza

Por Luis C. García Correa
La esperanza es la virtud de las personas humildes de corazón, cuyas almas están llenas de amor.
La esperanza llena la vida de ilusión y de contenido.
Vivir sin esperanza es la muerte en vida.
¿Realmente hay alguien que no tenga esperanza? Creo que no.
Todos, me atrevería a decir que por instinto, tenemos la esperanza de una vida mejor.
La gran esperanza del momento - quizá de siempre, aunque ahora de manera especial, pues nos enfrentamos a la gravísima situación del ataque al hábitat natural, que si no se corrige, eliminará la esperanza de vida natural en la Tierra – es que seamos y nos comportemos como seres humanos honestos y libres.
La esperanza se basa en la confianza del libre y honesto comportamiento.
Sin la honestidad no hay esperanza.
Los grandes y peligrosísimos males de la humanidad, creo que son causa del comportamiento derivado de la falta de la honesta esperanza.
Esperanza es esperar el bien.
La única esperanza ante el mal es que éste desaparezca.
La esperanza es un deseo, un anhelo del comportamiento cívico y amoroso de las personas. No hay esperanza si las personas no somos lo que somos.
Perder la esperanza es llegar a un punto de no retorno.
Perder la esperanza es el final del camino del bien y el comienzo del camino hacia el mal.
Perder la esperanza es haber llegado a un momento en que el mundo y la vida dejan de ser habitables.
La esperanza se aprende de niño y se desarrolla, a lo largo de la vida, por el conocimiento y el amor.
Se pierde la vida si se pierde la esperanza.
Quien no tiene esperanza vive la amargura del mal.
Vivir sin esperanza es vivir el mal sin remedio y sin esperanza.
La esperanza es el bien del momento siguiente.
Lo último que se pierde es la esperanza. 

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