jueves, 1 de diciembre de 2016

¡Adiós al hombre!

Por Antonio Domínguez
Al hombre adiós, pero al tirano decirle: cuan demasiado viviste tolete.
Cuando una desgracia cumple que jode, masacra cien años después de muerta (Que nos lo pregunten a nosotros, que no nos han devuelto aun nuestro excelentísimo ayuntamiento de San Lorenzo), y no iba a ser Fidel Castro una excepción. Los muchachos de No Pudimos están dispuestos a trasladar ese fuego castrino y hasta castrador, hasta donde Lenin les dé a entender.
La desgracia de los parias de la tierra (por mandato de sus líderes) es que no quieren hacerse amigos del que tiene las perras, ni iniciar una encendida voluntad para ser él uno de los que tiene las perras. El paria vive muy mal, pero, no quiere complicarse la vida en atender y entender nada en absoluto. ¡No quiere saber nada de ocupaciones y menos de preocupaciones! Quiere alimento y su droga preferida: alcohol o tabaco etc. ¡¡¡y que trabajen ellos!!! (todo cocinado por la incitación a la situación cochambrosa marcada por sus jefes: las sectas).
La muerte es un hecho natural. Lo antinatural y altamente preocupante es que esta muerte en concreto sea la bocanada de aire que en concreto da al chofer de la guagua, a Morales (Evo), y también a No Pudimos ¡que no es menor el daño!. En fin, a todos los que quieren dejar sin comer a los parias de la tierra; encima de acabar de enterrarles hasta el pescuezo en su paria-suerte.
Hizo sangre, mucho daño, el sátrapa y déspota opresor que nos ocupa; cuando dijo que moría pero que quedarían sus ideas; en el sentido de que todo tipo de zoquetes se deslomará por encontrar una (idea) que le sirva a él; sin enterarse que de un necio, las ideas de un necio, mandando un país él solo, es grave, tan grave como bomba atómica en manos de africano.
¿Qué quedará en claro de la revolución? ¿Qué se ha ganado con la revolución? Hay muchas preguntas que solo pueden tener respuesta en el desastre. Por otro lado se puede afirmar con verdad, que, la Cuba de la abundancia y la de los lechones asados “a uno por cabeza” que ponía a los cubanos a chorrear grasa por sus pechos y tetas, murió cuando Fidel bajó de Sierra Maestra. ¡¡Tarde volverá Cuba al lechón a discreción!!; tendrá que seguir con cositas de la mar: (lapas y pocas) y arriesgarse a comerse un caimán, porque, el caimán se lo puede comer a él.

Pobre Cuba, ahora que ya no eres la perla de las Antillas. ¿Cuántas décadas te quedarán de ese infierno? (…).    

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno, la mejor reflexión que he leído sobre este tema

Sergio Naranjo dijo...

Este artículo representa mis ideas al respecto, letra por letra.
¿Lo puedo compartir?