lunes, 21 de noviembre de 2016

Pedir perdón

Por Luis C. García Correa
Pedir perdón debe de ser un gesto y un hecho que manifiesta y demuestra el arrepentimiento al daño causado.
Los seres humanos tenemos la debilidad de ser pecadores. Pero eso no es lo peor: lo peor es no arrepentirse y no pedir perdón.
Siempre debemos pedir perdón para, por lo menos, tratar de compensar, y si es posible remediar, el daño causado.
Quien pide perdón con honestidad y amor merece que su perdón sea aceptado. Merece ser perdonado.
Los grandes aliados del perdón son la humildad y la honestidad.
La humildad es la virtud que inspira la necesidad y da la fortaleza de pedir perdón.
La vida está llena de errores y de pecados, pero quien  se arrepiente y pide perdón merece ese perdón con la penitencia que le fuere impuesta, como pago del daño causado.
Pedir perdón es un medio necesario para poder caminar por el sendero del bien.
Pedir perdón debe ser el fin del error y del pecado, si ha sido pedido con toda la debida honestidad y sinceridad.
Debemos fortalecer la humildad, que es la gran virtud de la convivencia, de la paz y del amor.
Sin humildad la vida se llena de pena y de dolor. El arrepentimiento y pedir perdón con humildad es el medio de corregir y de enmendar el daño causado.
La humildad fortalece la vida y debe ser el medio para conseguir el perdón cuando se pide con humildad.
Pedir perdón debe ser el acto y el gesto final para alcanzar el perdón.
Pedir perdón debe ser el fin del pecado y del error.

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